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Código Político. Apuesta elevada
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Juan José Arreola
El miércoles de la anterior semana, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) hizo una apuesta interesante, atrevida y hasta petulante. Su presidente, Braulio Guerra Urbiola puso la meta electoral en un nivel que se antoja muy elevado. En conferencia a la prensa, “presumió” que todos sus candidatos y candidatas para los comicios locales, van a la cabeza en la intención de voto de la ciudadanía. No hay un solo candidato a diputado ni uno solo de los 18 candidatos a las alcaldías queretanas que en este momento sean superados por aspirantes de otros organismos políticos. |
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El presidente del Comité Directivo Estatal (CDE) del tricolor, Braulio Guerra, presentó los resultados de tres encuestas que realizaron las empresas Parametría, Blanco Mendoza y Asociados, y Consulta Mitofsky. *Carro completo De acuerdo a los números mostrados ese día, en las tres encuestas se observa ventaja de los candidatos y candidatas priistas en todas las posiciones en disputa. Por ejemplo, en el caso del municipio de San Joaquín -el de mayor pobreza en la entidad- la intención de voto para el PRI es de 83 por ciento contra 16 del Partido Acción Nacional (PAN). En la capital del estado, la encuesta mostrada por el líder del PRI marca una diferencia de 15 puntos porcentuales entre el candidato del tricolor y el del PAN, en tanto que en San Juan del Río la diferencia es de 16 puntos, ventajas favorables, ambas, al abanderado del tricolor. De iniciarse así la competencia electoral local implicaría que el candidato o candidata del tricolor que llegue a perder en la contienda, simple y sencillamente desperdició este amplísimo margen del que goza actualmente, que lo echó a perder en tan solo 2 meses y medio. Por el contrario, de confirmarse este vaticinio, sería la primera ocasión en los últimos 30 años que un partido político en el estado de Querétaro llegue a ocupar todas las posiciones en el congreso local y gobierne las 18 presidencias municipales. La última ocasión que esto sucedió fue en el trienio 1979-1982, pues al siguiente (1982-1985), por primera ocasión el congreso queretano tuvo diputados locales surgidos de otro partido distinto al PRI; los panistas José Puga Vértiz, Tomás Maciel Landaverde y Alfredo Oropeza García. En el caso de los ayuntamientos, todos han sido gobernados por funcionarios del PRI hasta 1991, cuando el panista Salvador Olvera Pérez ganó la elección para presidente municipal de San Juan del Río; es decir, hace 21 años. Por eso decimos que es una apuesta muy elevada la que hizo este día el PRI. De cumplir con la expectativa priista, será histórico el suceso; de no ser así, el tricolor no habrá cumplido sus metas electorales para este año. Quizá por eso es que el mismo presidente del CDE del PRI, Braulio Guerra Urbiola comentó que las encuestas son “fotografías instantáneas que nos dan el pulso del aquí y el ahora” y por eso es que pidió a sus candidatos y candidatas, no confiarse y seguir trabajando. Y a modo de ejemplo, reveló lo que ha sucedido en otros momentos, cuando candidatos priistas han logrado revertir tendencias electorales que de acuerdo a las encuestas, eran favorables a los contrincantes del PRI por 5, 10, 15 y hasta 20 puntos porcentuales. *Escenario posible El optimismo mostrado por el presidente del tricolor queretano tiene buena parte de explicación en el efecto político que entre la ciudadanía han generado dos políticos que tienen muy parecidas actitudes: Enrique Peña Nieto y José Eduardo Calzada Rovirosa. En ambos, el priismo se ha empeñado en dibujar la figura del nuevo PRI, aunque ambos, también, han mostrado que en su ser aún se guarece el viejo priismo que dominó totalmente el escenario político. El nuevo tricolor sueña, al igual que su antecesor, en el “carro completo”; es decir, en el enfermizo escenario del control total para ejercer el poder total y poder gobernar sin estorbos, obstáculos u oposiciones. Un buen amigo queretano que de historia política platica mucho, recuerda que en los viejos tiempos, aquellos de hace 35 o 40 años, los diputados locales no sesionaban. No tenían reuniones plenarias y mucho menos, tomaban decisiones democráticas, antecedidas por la discusión y el intercambio de puntos de vista. Narra que el gobernador en turno les llamaba para reunirse en su oficina de la sede del Poder Ejecutivo, para ponerse de acuerdo y determinar qué leyes se aprobaban, cuáles no, y que determinaciones debería de tomar el Poder Legislativo. No había más. En versión moderna, adecuada a los tiempos actuales pero con efectivo similar; es decir, en caso de que se registrara esa histórica votación que vaticina el presidente estatal del PRI, tendríamos un Poder Legislativo dominado por el PRI, un Poder Ejecutivo cuyo titular es del PRI, así como un gobierno municipal con un edil del mismo partido político. El juego de los equilibrios y los contrapesos, que en la política es el principio básico de la toma de decisiones, se rompería bajo este esquema en el que domina un solo partido político. Por lo mismo, resulta insano plantearnos como objetivo, o peor aún, como ideal, la construcción de un escenario en tales condiciones. Quien así piense está planteando el regreso a los viejos tiempos, del dominio absoluto de una sola línea ideológica. La excusa para plantear esta visión tiene que ver con la difícil que se ha tornado poder conciliar intereses de diputados pertenecientes a grupos políticos contrapuestos. Sin embargo, siempre resultará más valioso el que los políticos de diverso signo intenten dialogar y ponerse de acuerdo, a una hipotética situación en la que no exista la necesidad de discutir porque todos piensan igual al pertenecer al mismo partido político. Ojalá que todos reflexionemos sobre cómo queremos que nuestros gobernantes se ajusten a partir de la concurrencia electoral. |