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Código Político: Affaire político
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FOTO: Braulio Guerra. |
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Por Juan José Arreola ¿Quién salió perdiendo y quién ganó en este affaire que protagonizaron apenas la semana anterior políticos de, al menos, tres partidos? Esa es la pregunta que hoy nos hacemos, a una semana y días del intento del Partido Revolucionario Institucional (PRI) aliado con el Partido Nueva Alianza (Panal), de llevar como candidato a la Presidencia Municipal de Querétaro, al panista Armando Rivera Castillejos. Más allá de que ese acuerdo estuviera o no negociado por las partes involucradas -pues hay quienes dicen que lo habían acordado y hay, también, quienes aseguran que intempestivamente surgió- el hecho real es que hubo raspones y diríamos que hasta causó profundas heridas en todos los que se inmiscuyeron en el caso. |
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Veamos cada parte por separado. *Coqueto El martes de la semana pasada, Armando Rivera Castillejos convocó a los reporteros queretanos para hacer pública su decisión de no aceptar la propuesta de ser el candidato de la alianza “Juntos para creer” que formaron el PRI y el Panal. Fue notoria la insistencia del ex presidente municipal de Querétaro en dejar muy claro que él ha sido, es y seguirá siendo panista en la práctica e ideológicamente. Más aún, afirmó que es un militante convencido del Partido Acción Nacional (PAN) y se asumió panista, hoy “más que nunca”. Creámosle. Y entonces tenemos necesariamente que preguntar: Si eso es real ¿Porqué entró al juego de platicar con la representación de los dos partidos políticos ya citados y, más aún, les dio alas diciéndoles que pensaría la propuesta? Esa es la duda y ninguna otra más, porque si alguien está convencido de algo, ni siquiera abre la puerta de la plática. Vaya, si es fanático de las “chivas” ¿alguna ocasión se sentaría a platicar con los americanistas para evaluar la posibilidad de sumarse a su porra? Hipotéticamente habremos de pensar que este comportamiento pudo derivarse de dos perspectivas. Una, que Armando Rivera, efectivamente, estaba decidido a asumir la candidatura ofrecida; esto es, que estaba dispuesto a dejar las filas del blanquiazul por la razón que queramos (eso es lo de menos, por ahora) pero hubo algo o alguien que lo hizo recular “al cuarto para las doce”. La otra perspectiva podría partir de suponer que en realidad no le interesaba esa postulación pero que dejó correr la versión de que si aceptaría la propuesta, con la finalidad de que en el PAN trataran de que no lo hiciera, de que no provocara una fractura y, a final de cuentas, se quedara en ese partido cargado de acuerdos. Es más, existe la versión o el rumor -como queramos llamarle- de que le fue ofertada la presidencia de su partido además de otras posiciones. Quizá nunca lleguemos a saber qué sucedió realmente. Y eso -júrelo- también es lo de menos porque el asunto principal es la proyección de la imagen de Armando Rivera Castillejos hacia sus compañeros de partido pero, principalmente, hacia la ciudadanía. Así como está descrita esta versión del suceso, es más probable que su capital político se haya deteriorado, a que su figura se haya engrandecido.
*Enmuinados La otra parte protagonista fue la alianza PRI-Panal, que buscó a Rivera Castillejos con la firme intención de profundizar la fractura que suponían estaba viviendo el PAN después de su proceso interno de elección de candidatos. Hipotéticamente -así también lo planteamos de este otro lado- priistas y aliancistas hablaron con Rivera Castillejos; le propusieron “arroparlo” después de haber salido derrotado de la contienda interna y le ofertaron la candidatura a la presidencia municipal. Su fuerte personalidad y presencia entre la ciudadanía queretana, fueron los elementos evaluados para sugerirle la postulación y pensar, aún más, en la posibilidad real de que pudiera ganar la contienda electoral. Rivera les dijo que si pero les puso como condición para continuar las pláticas, que primero legalizaran su alianza. Una vez concretada y ya de regreso de sus vacaciones en Houston, Tx., Armando Rivera se volvería a reunir con ellos para definir. Suponemos que así quedaron. Todavía el domingo 26 de abril, tanto en las filas del PRI, en las del Panal e incluso en el pensamiento de varios de los colaboradores de Armando Rivera, había la certeza de que todo iba sobre ruedas y que darían el “gran golpe” electoral. Aquí también caben dos hipótesis del porqué se rompió abruptamente el acuerdo. Primera, que los priístas se equivocaron al “ventanear” el nombre de Armando Rivera como su candidato, lo que -suponemos- no estaba en el acuerdo o, dicho en otros términos, el pacto era que no se difundiera su nombre y la postulación hasta que el mismo panista lo hiciera. La otra -también hipotética- es que hubo alguien o algo que presionó para evitar que Armando Rivera fuera el candidato del PRI pues, para decir lo menos, sería una postulación que crecería de tal manera al grado de pensar en que pudiera “arañar” el triunfo. Eso tampoco lo sabemos. El hecho real es que el presidente y el secretario general del PRI en la entidad, además del presidente del Panal en Querétaro, Hiram Rubio, Braulio Guerra y Alejandro Cayetano, respectivamente y a su modo, dejaron ver claramente la molestia que todavía los dominaba el día en que anunciaron la ruptura, que fue el miércoles de la semana anterior. A reserva de lo que pensemos todos, pareciera ser que el PRI y el Panal también sufrieron deterioro en su imagen pública; esto es, que todos los protagonistas de este affaire resultaron con raspones y golpes contusos. Ahora, entonces, vale la pena una pregunta más: ¿Esta forma de hacer “política” -así, entre comillas- será castigada por los electores o simple y sencillamente la dejaremos pasar? |
