09 de septiembre del 2026

Fibrosis quística: la pista está en el sabor salado de la piel

No es una enfermedad rara solo por su nombre. Es rara porque pocos saben reconocerla.

 

Cada 8 de septiembre, en el Día Mundial de la Fibrosis Quística, la Secretaría de Salud del estado de Querétaro (SESA) hizo un llamado a poner atención a señales que suelen pasarse por alto: la piel con sabor salado al besar a un bebé, las infecciones respiratorias que no ceden, la tos persistente y la dificultad para ganar peso.

 

La fibrosis quística es una enfermedad hereditaria, crónica y degenerativa.

 

Se origina por una alteración genética que afecta a las glándulas que producen moco, sudor y jugos digestivos. Al volverse más espesas y pegajosas, esas secreciones se acumulan en pulmones y páncreas, favoreciendo infecciones, inflamación y daño progresivo.

 

En los pulmones, el moco espeso obstruye las vías respiratorias y facilita el crecimiento de bacterias. Con el tiempo, eso se traduce en infecciones recurrentes y deterioro pulmonar. En el sistema digestivo, dificulta la absorción de nutrientes, lo que explica el bajo peso, el retraso en el crecimiento y las alteraciones digestivas. También puede afectar hígado y sistema reproductor.

 

¿Cuáles son las señales de alerta?

 

Sudor o piel con sabor muy salado

Tos persistente y problemas respiratorios frecuentes

Dificultad para ganar peso o crecer

Problemas digestivos y heces abundantes o grasosas

 

SESA recordó que la detección temprana cambia el pronóstico.

 

En la infancia, el tamiz neonatal es clave, y ante la sospecha existen pruebas específicas para confirmar el diagnóstico.

 

El tratamiento requiere seguimiento continuo: control de infecciones, terapia respiratoria para movilizar secreciones, apoyo nutricional y actividad física adaptada.

 

Conocer la enfermedad es el primer paso para atenderla a tiempo.

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