17 de diciembre del 2008

Código político: llegar al poder

Por Juan José Arreola

Dos sucesos políticos que se registraron tres semanas atrás, marcaron el arranque extra oficial del proceso político-electoral queretano. Uno, la reaparición de la vieja (y la nueva) clase política perteneciente al Partido Revolucionario Institucional (PRI), en un acto en el que pareció que se buscaba demostrar que el tricolor está vivo electoralmente, más allá del motivo formal que los congregó. El otro suceso tiene que ver más que con una movilización, con un par de pronunciamientos efectuado por el diputado del Partido Acción Nacional (PAN), Eric Salas González, quien representa -sin lugar a dudas- a uno de los políticos con mayor influencia en el escenario queretano.

Afirmó que en al menos tres municipios que actualmente gobiernan panistas, están encendidos los focos amarillos lo que, dicho en términos llanos, implica que corren el peligro de perderlos en las elecciones del julio del 2009.

*Las tareas del PRI

Los dos sucesos marcan puntualmente la coyuntura política queretana. De un lado, le de esperanza al tricolor de volver al poder. Y justamente es eso, esperanza; nada hay escrito y nada está asegurado.

La asistencia de unos 800 invitados al segundo informe de actividades del Senador de la República, José Eduardo Calzada Rovirosa -entre viejos priístas y nuevos políticos- fue, cuantitativa y cualitativamente, el mejor acto del PRI queretano en los últimos once años.

Es así, primero, porque congregó a casi todas las corrientes y sub-corrientes políticas que conviven al seno del priísmo. Faltaron los “burguistas”, entre los que se encuentra Jesús María Rodríguez Hernández, que quieren que sea éste y no Calzada Rovirosa, el candidato a gobernador.

En contraparte, contaron con la presencia de Manlio Flavio Beltrones, el principal operador político del PRI en el país, al grado de haberse ganado el mote de “Vicepresidente” del país.

Esto es punto a favor, pues queda claro que avaló con su presencia, el ante-pre-“destape” de José Calzada como candidato a gobernador.

Esto significa que también habrá de “operar” ante Beatriz Paredes Rangel, la presidenta nacional del partido, el que nadie más -incluyéndose a los “burguistas”- perturbe la todavía frágil unidad priísta en torno a la figura del senador.

Justamente es aquí en donde se encuentra el principal riesgo para el tricolor: la posibilidad de que Jesús Rodríguez no acepte negociación alguna y pele la candidatura a gobernador.

Ese es el principal problema del PRI. Si lo resuelve, los demás tendrán mayores probabilidades de que se libren positivamente, como el poder elegir un candidato o candidata fuerte y con presencia, para contender por la alcaldía capitalina.

A como están las estadísticas, podemos decir que es remota la posibilidad de que ganen el principal municipio del estado, pero si cuentan con un candidato (a) viable, les podrá recaudar votos para su aspirante a gobernador.

El tercer conflicto a enfrentar es elegir sus candidatos a las alcaldías sin dividirse como sucedió en el 2006, cuando las diferencias llegaron al extremo de provocar la salida de al menos la cuarta parte de su militancia.

La concertación entre las corrientes o, en su caso, la elección realmente democrática de sus candidatos, es la disyuntiva que tiene que resolver el tricolor. Y aún cuando lo veamos muy sencillo, es en realidad el principal reto del otrora partido “aplanadora”.

*Los retos del PAN

En el PAN las cosas están al revés. Ejercen el poder en la entidad desde hace once años; esto es, son mayoría en el Poder Legislativo, gobiernan a la mayoría de la población vía sus alcaldes y, por supuesto, el titular del Poder Ejecutivo es emanado de sus filas.

Y quizá con ellos se cumplió la máxima que acuñaron los priístas cuando perdieron el poder y así justificaron las derrotas que se fueron sucediendo dolorosamente para ellos.

Dijeron que el ejercicio del poder desgasta políticamente al partido en turno.

Si esto es real, entonces ese es el problema para el blanquiazul y habremos de decir, en consecuencia, que el PAN se ha desgastado, sus militantes se han desgastado y, obviamente entonces, sus servidores públicos también se han desgastado.

Han sido los constantes enfrentamientos que se han registrado al menos en el transcurso del año, entre miembros de una corriente e integrantes de otra, en la disputa por el control del partido y por ende, de las candidaturas, uno de los factores.

Otros elementos que hemos podido ver son las equívocas acciones en que varios de sus funcionarios públicos han incurrido.

No solamente de alcaldes, como el de Huimilpan, José Lucio Fajardo Orta; también han sido sus legisladores locales, que han protagonizado enfrentamientos, incluyéndose en la lista a Eric Salas y Alejandro Straffon, solo por citar a los menos.

También han participado los federales como Guillermo Tamborrel y Francisco Domínguez.

Apenas la semana pasada, justamente Eric Salas reconoció que tienen focos amarillos encendidos; esto es, de advertencia. Reconoció también que la contienda estará sumamente reñida y muy cerrada; reconoció, finalmente, que enfrentan riesgo de derrota en algunos municipios.

Ellos, los del blanquiazul tienen, al igual que los del PRI, una disyuntiva: reagruparse, someterse a los procedimientos democráticos de elección de candidatos y sobre todo, frenar la guerra interna -que suma ya varios meses- en la disputa por las postulaciones.

Los dos partidos políticos cuentan con el tiempo suficiente para evitar que sus diferencias ganen la contienda interna. Si lo logran, su aporte al proceso electoral del estado será fundamental. Por el contrario, si no lo superan, si dejan que se profundice, si permiten que las riñas y la “judicialización” de la contienda sea el elemento definitorio, muy probablemente vean, desde fuera, cómo el otro ejerce el poder.

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