04 de mayo del 2009

Código Político. Prueba no superada

FOTO: Armando Rivera.

Por Juan José Arreola

La primera prueba que el proceso electoral les puso a los partidos políticos; esto es, la del proceso interno, no fue superada por dos de ellos y en el caso de un tercero, la duda persiste. Los enfrentamientos por el poder -chiquito o grandote, no importa- hicieron mella en ellos al grado tal que surgieron las trifulcas, desde aquella, la de los cuestionamientos sobre la falta de equidad en el proceso, hasta la que de plano llevó a la ruptura, en la práctica, del instituto político en cuestión. El hecho es de tal magnitud en su gravedad, que al cierre de la semana anterior, dos de ellos, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Social Demócrata (PSD), simple y sencillamente no tenían candidato a gobernador.

El otro que salió lastimado, el Partido Acción Nacional (PAN), si bien no llegó al extremo en que públicamente sus militantes rompieran, si dejó muchos elementos de prueba en el sentido de que su proceso interno de selección no fue lo aseado que sus dirigentes han presumido.

* El enfrentamiento perredista

El caso más patético resulta ser, sin lugar a dudas, el del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que a estas alturas de la contienda no cuenta con un candidato a gobernador, ni legal ni legítimo.

Las diferencias que claramente se han marcado entre las dos principales corrientes políticas que conviven (todavía) al interior del perredismo nacional -Izquierda Unida (IU) y Nueva Izquierda (NI)- ya trasminan a todo el país y, obviamente Querétaro no es la excepción.

En términos llanos, una de las corrientes quiere que el candidato a gobernador será José Carlos Borbolla; la otra apuesta por Francisco González de Cosío.

Una de las corrientes pretende que la elección de sus candidatos sea por votación directa y en urnas, pero la otra apostó a que un grupo reducido designara a los abanderados perredistas.

Y como no se pusieron de acuerdo el día fijado para que proceder a tomar las decisiones electorales, consejeros fieles a una de las corrientes decidieron cambiar de sede la reunión y sesionar en otro sitio de la ciudad.

Allá -según dijeron- tomaron decisiones y eligieron a los candidatos.

Los perredistas miembros de IU -de la que forma parte el Presidente del Consejo Estatal, Pablo Héctor González Loyola Pérez- sostienen que el pleno no se realizó porque la Comisión Estatal de Candidaturas no entregó el dictamen correspondiente, aprobado por la mayoría calificada de sus integrantes.

Contrariamente, los perredistas de NI -encabezada por el Presidente del Comité Directivo Estatal, Horlando Caballero Núñez- argumentan que los otros armaron “la camorra” y sabotearon la reunión.

Total que el PRD sigue siendo exactamente el mismo rijoso de siempre.

* Lentitud partidista

El otro caso corresponde al PSD que si bien no está fracturado ni mucho menos dividido, ha sido incapaz de contar a tiempo con un candidato a gobernador y en torno a él -o ella- construir un escenario de movilización y difusión de sus ideas.

Es un partido que quizá por la novatez de sus integrantes, se ha quedado paralizado (al menos esa es la impresión que nos han dejado) luego de que uno de sus militantes más avezados en estas lides, Pedro Pérez Sosa, decidiera renunciar a la candidatura a gobernador.

Desde que tomó tal decisión -hace más de quince días- el partido, su aparato dirigente, no ha podido resolver el problema.

Tuvieron que recurrir a la dirigencia nacional para ser aconsejados sobre la forma de salir del enredo. Quizá por eso es que la semana anterior dieron a conocer que ahora sí, el viernes resolverían el caso y habría candidato a gobernador.

La lentitud de respuesta que ha mostrado este partido plantea el escenario menos propicios para ellos: la incapacidad de construir un instituto político estatal, promover el voto favorable y, peor aún, no ser capaz de motivar el interés pero sobre todo, la confianza de la ciudadanía.

* Guerra azul

El caso contrario es el PAN, una institución en el ámbito de la política nacional y estatal que, conocedores de lo que significa tener el poder, gobernar y tomar decisiones, gestaron a su interior una de las más cruentas disputas por los cargos de elección, especialmente por el de gobernador.

Se comportaron contrario al desempeño del PSD. Aquí si hubo tal agilidad mental, que muy seguramente de entre sus filas surgieron los pasquines, los videos y mensajes negativos contra varios de sus precandidatos.

La disputa por el poder en el blanquiazul, en lugar de concretarse -públicamente- en torno a la propuesta de los aspirantes, mayoritariamente se centró en denostar al adversario en turno.

Curiosa coincidencia: durante el periodo de precampaña “las bolas de lodo” del “juego sucio”, cruzaron el firmamento queretano; se aporrearon hasta donde pudieron, quisieron y su dirigencia los dejó hacer.

Y aún cuando han proclamado que el proceso interno fue limpio y democrático, como lo hizo, en la práctica, José Espina von Roehrich, el presidente de su Comisión Nacional de Elecciones, las impugnaciones surgidas en Huimilpan, San Juan del Río, Tequisquiapan y Tolimán, las denuncias de irregularidades (todas documentadas) reflejan lo contrario.

A diferencia de los otros dos partidos políticos, aparentemente en el PAN las diferencias no son irreconciliables.

Sin embargo, en el ambiente blanquiazul queda flotando el señalamiento efectuado por Armando Rivera Castillejos, realizado el mismo domingo alrededor de las siete de la noche, cuando en conferencia a la prensa reconoció su derrota.

“Quiero agradecer a todos aquellos panistas que confiaron en nuestras propuestas y a quienes no derrotó el sistema”, dijo Rivera Castillejos.

Y no, no es una advertencia, es -pensamos- parte de la realidad del PAN que los mismos panistas no quieren ver o, en todo caso, prefieren ignorar.

De cualquier manera, en los tres casos habrá que esperar para saber cuánto les llegará a pesar este comportamiento, a la hora de la contienda.

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