18 de marzo del 2010

Código Político. Acorralados

Por| Juan José Arreola

Si alguien pidiera definir la situación que en este momento vive el Partido Acción Nacional (PAN) en Querétaro, muy probablemente la mejor palabra a emplear sería: acorralado. La combinación de errores y desatinos en que han incurrido los del blanquiazul, ha sido aprovechada por sus oposiciones, principalmente por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), con la evidente intención de exacerbar sus hierros y así deteriorar aún más la ya de por sí dañada imagen del PAN.

*Callejón ¿sin salida?

El PAN está acorralado porque no ha podido salir, todavía, de la crisis que le provocó la derrota electoral de julio pasado. El trauma de haber perdido el poder no lo ha superado, o más bien, quienes han aprovechado esta coyuntura, han hecho todo el esfuerzo para que no supere esta situación.

Pero también el blanquiazul ha aportado su parte para que la situación se mantenga así, deteriorada y sin visos de componerse, al menos en el corto plazo.

Uno de los elementos que muestra esta situación, es la ausencia plena de la conformación de un equipo de trabajo sólido, incluyente y preparado para conducir al partido y afrontar los nuevos retos.

Hoy, la dirigencia real y práctica del panismo queretano se concentra en una sola persona. Ricardo Anaya Cortés acaparó, inmediatamente después de consumarse la derrota electoral de su partido, los hilos del poder.

En él se ha concentrado la toma de decisiones, los pronunciamientos y las pequeñas batallas libradas en contra del cúmulo de señalamientos y acusaciones que, como cascada, se han sucedido.

Es tan grave la concentración del poder que sufre el PAN, que todavía hasta la semana pasada no lograban definir quién de los diputados sucedería a Ricardo en el cargo de coordinador del grupo parlamentario.

No habían podido avanzar en esta tarea, que debería de ser un asunto sencillo de resolver, porque no existe la confianza de parte de quien toma la decisión; es decir, de Ricardo Anaya, para delegar la responsabilidad en uno de sus compañeros.

También es real que al definirse a uno, muy seguramente se generaría una ruptura entre las corrientes políticas panistas representadas en el congreso del estado.

Por eso se entiende que la mejor manera de “solucionar” el asunto, sea nombrando no a uno sino a cuatro coordinadores, que ejercerían el cargo en partes iguales, durante el tiempo que resta de ejercicio parlamentario.

*Herencia garridista

Sumado al trauma postelectoral, el PAN queretano tiene ante sí el grave problema de tratar de “capotear” y salir bien librado de la andanada informativa, que tiene que ver con presuntas irregularidades en las que incurrieron ex servidores públicos.

Para tener un referente de lo que sucede, baste decir que es la primera ocasión en la historia política de Querétaro que se acumula tal cantidad de elementos que, para decir lo menos, nos hacen sospechar que en la anterior administración gubernamental y en la anterior administración municipal de la capital, hubo desvío de recursos.

La impresionante lista de viajes a sitios turísticos del país y a ciudades extranjeras que realizaron los aviones gubernamentales; la centena de observaciones realizadas a la Comisión Estatal de Caminos; las presuntas irregularidades en la Comisión Estatal de Aguas así como en la Secretaría de Obras Públicas.

Habrá que sumar, también, las observaciones que han generado las cuentas públicas en los municipios de Querétaro, Pedro Escobedo y San Juan del Río.

¿Cómo salir de este ato-lladero al que se vinculan nombres como los de Francisco Garrido Patrón, Marcela Torres, Luis Miguel Sánchez Canterbury, Manuel González Valle, Jorge Rivadeneyra Díaz, Edgardo Piña Mancilla, Santiago Martínez Montes? ¿Cómo?

El agravante de la situación, una vez más, nos conduce al nombre de Ricardo Anaya Cortés. ¿Por qué? Pues simple y llanamente porque es juez y parte. El actual presidente estatal del PAN, vale tenerlo presente, fue Secretario Particular del ex gobernador, Francisco Garrido y, como tal, su “brazo derecho”.

Si alguien está enterado de lo que se hizo o dejó de hacer en la anterior administración es, ni duda cabe, Ricardo Anaya.

Por esa situación es que enfrenta una segunda encrucijada que le exige respuestas, por ejemplo, a la interrogante de ¿cómo comportarse y cómo reaccionar ante la sospecha de que en el periodo garridista hubo irregularidades?

Ricardo Anaya ha apostado por implementar una táctica a la defensiva, pidiendo clemencia y que no se adelanten vísperas; vaya, que no se acuse antes de que concluyan las indagatorias.

No da para más su estrategia porque él no quiere que vaya más allá. Baste decir que al cierre de la semana pasada, Anaya Cortés (recuérdese: el ex Secretario Particular del gobernador y ex Coordinador de Desarrollo Humano del gobierno estatal) atrevió a decir que nada sabía del uso de los aviones gubernamentales.

¿El secretario particular del gobernador nada sabe? ¿Nada supo de los viajes del gobernador en diciembre del 2007 y 2008?

En las calles queretanas, en las plazas, en los cafetines del centro de la ciudad, corre la versión, el trascendido o el chisme -como queramos calificarlo- de que los panistas confiaban tanto en el triunfo electoral que decidieron servirse “con la cuchara grande”.

El cálculo era que Manuel González Valle fuera gobernador y que desde ahí operara para subsanar los errores o para ocultar los abusos. Acompañado en la presidencia municipal de Querétaro por Francisco Domínguez, y en la de San Juan del Río por Guillermo Vega Guerrero, poco o nada trascendería de lo heredado.

Los cálculos, sin embargo, les fallaron. Por eso el PAN está acorralado. Porque nunca se preparó para enfrentar la eventualidad de una derrota, como tampoco se preparó para la rendición de cuentas.

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