31 de julio del 2010

Código Político. Antes y ahora

Juan José Arreola

Las preguntas que hoy suponemos que deben hacerse en torno al gobierno es-tatal, tendrían que incluir al menos un par: ¿El Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha cambiado en su práctica con relación a la que ejercía antes de perder el poder, en 1997? La otra: ¿Es el gobierno que encabeza José Calzada Rovirosa un ejercicio sustancialmente diferente a los 2 anteriores, encabezados por miembros del Partido Acción Nacional, pero también a los 2 anteriores, encabezados por priistas?

El punto de partida para hacer un balance de lo hasta ahora realizado, nos parece que debe de ir en tal sentido.

* PRI vs PRI

Antes de perder el poder frente al candidato del PAN, Ignacio Loyola Vera, el tricolor era un desastre; divididos, sin estrategias electorales, sin finanzas sanas y, sobre todo, sin liderazgos.

Hoy, 12 años después de vivir la peor etapa de su historia en la entidad, siendo oposición, fue necesario que la reconstrucción se iniciara a partir de un liderazgo y no, como se podría pensar de un partido democrático, a partir de los acuerdos promovidos por las mismas corrientes y grupos.

Con su intervención en las filas de su partido, José Eduardo Calzada Rovirosa construyó, paralelamente, su candidatura a gobernador.

Dicho en términos llanos, usó la vieja estructura del PRI para garantizarse su postulación.

La orfandad tricolor terminó con el arribo al poder de Calzada Rovirosa y, pareciera ser que de manera por demás mágica, también se acabó su marginalidad económica.

En menos de 9 meses de estar en el poder estatal, el tricolor logró recuperarse financieramente, al grado tal de tener -por primera ocasión en los últimos 10 años, por lo menos- una oficina del Comité Directivo Municipal en la capital queretana.

Esos nuevos aires de poder soplaron también en las oficinas del Comité Directivo Estatal.

Un ejemplo basta. El día de las elecciones en 14 entidades del país, el pasado 4 de julio, las oficinas priistas rebosaban de holgura financiera: 5 pantallas planas, media docena de juegos de sala y al menos una veintena de mesas y sillas “cantineras” fueron adquiridas o rentadas, para seguir el proceso.

Antes, sin estar en el poder, no tenían la solvencia económica para este tipo de ejercicios.

Desde el triunfo de Calzada Rovirosa, hace un año, pocas noticias hemos tenido de alguna reunión convocada por el tricolor para analizar, definir o consensuar algún tema o asunto de interés partidista.

No hay cambio. Las cosas en las filas del PRI, con Braulio Guerra Urbiola como presidente, siguen igual.

* Mejor pero no suficiente

En el ejercicio del poder tampoco hay señales que indiquen algún cambio sustancial rumbo a la consolidación de la democracia.

Sí, es un gobierno diferente con relación al que encabezó, por ejemplo, Francisco Garrido Patrón, que se distinguió por ser distante de la gente, poco sensible a los requerimientos de la comunidad y con un mínimo de tolerancia a la crítica.

También es diferente en comparación con el que encabezó Ignacio Loyola Vera, pues éste -el panista- fue más de ocurrencias que de planificación.

No quiere decir esto que la administración de José Calzada sea mala o equívoca; no. Es un gobernante que planifica, que prevé e incluso, que analiza sus mensajes mediáticos.

Eso habla bien de él, de su capacidad para gobernar, lo que no necesariamente implica que sea un político con una visión democrática.

Acciones como el subsidio del Impuesto de la Tenencia Vehicular, el asistir a los informes de todos los gobiernos municipales, dialogar con las personas que se le acercan e incluso ir a lugares donde se han registrado percances, como fue el caso del hospital regional de San Juan del Río cuando se inundó, son acciones positivas que, sin embargo, no dan un paso adelante.

Hasta el momento, José Calzada Rovirosa no ha enviado una sola señal que nos indique que habrá una reforma sustancial que garantice la transición democrática en la entidad.

Tampoco ha instigado la consolidación práctica de la independencia de los poderes y, más aún, pareciera ser que el margen es más estrecho ahora o, por lo menos similar al que había en sexenios anteriores.

El Poder Legislativo, por ejemplo, aceptó sumisamente evitar intervenciones de los partidos políticos representados en él con lo que detuvo un paso fundamental para la democracia, en el sentido de respetar a las minorías escuchando sus puntos de vista.

Un elemento más a destacar es el uso práctico que el gobernador le da al liderazgo que tiene y ejerce, al grado tal de ser quien determina las acciones a seguir en las filas de su partido.

Cierto es que 9 meses resulta ser muy poco tiempo para hacer balances contundentes si recordamos que la titularidad del Poder Ejecutivo la ejercerá por espacio de 6 años. Pero también es cierto que no existe reglamento ni código alguno que prohíba hacer los balances cada tiempo que se considere pertinente.

En este momento podemos decir, sin temor a equivocarnos, que lo poco que hemos vivido del gobierno calzadista, supera a lo hecho por los gobernantes de los 2 sexenios anteriores.

Sin embargo, no pensamos que resulte suficiente como para considerar que se ha avanzado rumbo a mejores condiciones sociales y políticas.

Y mientras el gobierno no ofrezca cambios sustanciales en estos aspectos, y el partido al que pertenece el gobernante no modifique su forma de hacer política, poco se podrá hacer.

Son 9 meses. Esperemos que los restantes 63 meses le alcancen para impulsar un Querétaro más democrático.

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