06 de abril del 2011

Código Político. Inoportuna salida

Juan José Arreola

En el momento de mayores dificultades del Partido Acción Nacional (PAN) su presidente y diputado local, Ricardo Anaya Cortés decide “abandonar el barco”. No suena lógico que se vaya a ocupar una subsecretaría en Turismo -por muy atractiva que sea la oferta- en lugar de afrontar la situación y tratar de enderezar una nave que cada vez se muestra más endeble y propensa de irse a pique.

El mismísimo día en que los diputados del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y sus aliados en la legislatura imponen su voluntad al elegir, por segunda ocasión, al priista Hiram Rubio como presidente de la mesa directiva del congreso, y a José Luis Aguilera como presidente de la Junta de Concertación, es también el día en que Ricardo Anaya decide dejar sus cargos.

Rara resulta la decisión y más cuestionable se percibe por el momento en que se anuncia.

*Lo que viene

Es cierto que Anaya Cortés había dejado de ser, teóricamente, el coordinador de los diputados del blanquiazul; sin embargo, el peso político del ex secretario particular del gobernador no estuvo nunca en duda al interior de su grupo parlamentario.

Por eso es que se acumulan las interrogantes sobre su licencia como diputado para irse al Distrito Federal asumir la subsecretaría de Turismo, pues en la legislatura viene una coyuntura clave en su desarrollo.

Todos los diputados saben que los del PRI, junto con sus aliados (léase Panal Convergencia, Verde Ecologista y PRD) preparan una reforma a la Ley Orgánica del Poder Legislativo del estado que, de aprobarse, trascenderá no solamente en la vida política del parlamento queretano, sino que vendrá a representar un retroceso en lo poco que se ha podido andar del camino democrático.

Los diputados del G-15 planean la eliminación de la votación calificada para tomar decisiones en el pleno y en la Junta de Concertación.

Dicho en otros términos, los priistas, panalistas, el perredista, Convergencia y el verde, ya maquinan la idea de modificar la referida Ley Orgánica del Poder Legislativo para eliminar este tipo de votación, que obliga a reunir las famosas dos terceras partes de los integrantes de la legislatura, para tomar decisiones calificadas.

De lograrlo, el congreso del estado quedará a modo para eliminar el pequeño resquicio que aportan este tipo de votaciones, para el debate, la concertación, el acuerdo.

Al eliminarse la votación calificada -en el pleno- y la unanimidad -en la Junta de Concertación- se elimina el diálogo pues mientras perdure la alianza que le da vida al llamado G-15 (PRI y aliados), este bloque podrá tomar las decisiones que les convenga y quieran sin considerar la opinión de los 10 diputados del PAN y, más aún, sin tomar en cuenta sus votos. Diez contra quince, en un régimen de mayoría simple, sin la existencia de la votación calificada, será un régimen sin diálogo y sin consensos. Sin democracia.

Esta decisión que se prepara, echará por la borda la posibilidad de negociar políticamente en la única legislatura de la historia del estado que ha tenido las condiciones para hacerlo.

*Explicaciones

Bueno, pues Anaya Cortés optó por salvar el pellejo por encima de intentar evitar que el partido se hunda. Planteado en otros términos, ¿quién en su sano juicio y plena conciencia de lo que se requiere, decide aceptar una oferta laboral y dejar a un lado su responsabilidad política?

Claro, la única respuesta viable es que la salida de Ricardo Anaya haya sido con premeditación, alevosía y ventaja. Es decir, “lo salieron” y no necesariamente fue una decisión personal.

Si fuera así, entonces el razonamiento es que se va, deja la presidencia del partido y la diputación local con la finalidad de que vengan otros y enderecen las cosas; es decir, que este movimiento fue por convenir así a los intereses del PAN queretano.

El historial de Ricardo Anaya después de haber salido del gobierno estatal, dibuja esta perspectiva.

Recordar que fue el coordinador general de la campaña electoral del PAN en la contienda del 2009, de la que resultaron derrotados al perder la gubernatura del estado y municipios fundamentales como Corregidora, San Juan del Río y El Marqués.

Durante su presidencia, igualmente, se gestó la mala negociación con el resto de los grupos y fracciones parlamentarias para elegir a los integrantes del Instituto Electoral de Querétaro (IEQ). Un asunto que pudo determinarse a través del diálogo terminó en los tribunales.

Por igual el conflicto con el presidente municipal de Cadereyta, Antonio Pérez Barrera terminó con saldos negativos para el PAN. El alcalde dejó las filas del partido y en respuesta, Ricardo Anaya anunció que procedería en su contra por presumirse desvío de recursos.

Nada pasó tampoco.

Estos ejemplos sumados a la decisión de ir por una chamba de año y medio dejando botado al partido y la diputación, además del momento coyuntural en que se hizo, reflejan con toda claridad que el cambio de Ricardo Anaya fue, por lo menos, una decisión colectiva.

Para bien o para mal, las cosas están hechas y ahora a dar el siguiente paso, consistente en sustituirlo.

Por lo que hace a la diputación no existe problema alguno pues ha asumido la responsabilidad su suplente, Adriana Cruz Domínguez.

El problema viene en la sustitución para la presidencia partidista.

Ricardo Anaya presentó su solicitud para separarse del cargo a partir del 15 de abril próximo, fecha en la que lo sustituirá el actual Secretario General del PAN, Guillermo Vega Guerrero.

Este presidente interino tendrá un plazo máximo de dos meses para emitir la convocatoria para la elección del nuevo presidente que asumirá el cargo por tres años.

El proceso de campaña durará 45 días, culminándose en la realización de un pleno del Consejo Estatal del partido en donde se elegirá al sucesor de Anaya Cortés.

Es decir, el nuevo líder del blanquiazul queretano habrá de asumir el encargo a partir, aproximadamente, de julio de este año hasta julio del 2014.

Si todo esto se hizo para beneficiar al PAN, entonces la decisión de quién viene deberá de orientarse en la búsqueda de un panista con carácter, que les garantice la unidad y que tenga los suficientes arrestos para recomponer la ruta de la nave blanquiazul.

Esa es la tarde -difícil- del panismo queretano.

 

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