22 de septiembre del 2011

Código Político. Cuello de botella

 

 

Juan José Arreola

Hace apenas un par de años, circular en automóvil por la avenida 5 de febrero a las 5, 6 y hasta las 7 de la mañana, no era problema alguno; parecía que la ciudad estaba vacía, que poquísimos la habitábamos. También era usual circular tranquilamente por el Boulevard Bernardo Quintana. Tampoco había gran cantidad de vehículos a esas horas.

Incluso, sobre esta última vía, si acaso faltando unos minutos para las 8 de la mañana o por la tarde, alrededor de las 6, se empezaba a sentir las famosísimas “hora pico”.

Hoy todo ha cambiado; no sé si es por los 2 carriles abajo del acueducto, por el Fray Junípero Serra y el montón de automóviles que “arroja” al Bernardo Quintana, o por las incorporaciones de las laterales a los carriles centrales; el hecho es que prácticamente a toda hora el congestionamiento vial en el Bernardo Quintana está presente.

 

* Inmigración explosiva

El comentario viene a cuento para llamar la atención de dos fenómenos que se registran, inexorablemente, en la capital queretana y, supondríamos, en la mayoría de los municipios.

Uno, el explosivo crecimiento poblacional derivado, fundamentalmente, de la impresionante inmigración de ciudadanos de todas las entidades del país, a territorio queretano.

Vienen no solamente de los estados en donde la violencia y la criminalidad es cuestión cotidiana. Lo hacen de todos lados encandilados por la tranquilidad, la paz social, el empleo y la buena vida que, propagandísticamente, ha difundido el actual gobierno del estado.

Esto ha provocado que la tasa de crecimiento poblacional aumente de manera acelerada. Baste referir que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) reporta que la demanda de energía eléctrica crece en Querétaro a un ritmo de 6 por ciento al año, muy superior a la tasa de crecimiento a nivel nacional, que es de 4 por ciento, según platicó recientemente el superintendente de la misma, Mauricio Reyes Caracheo.

Esto implica que la economía y la prestación de servicios a la población local deben de incrementarse a un ritmo de, al menos, 6 por ciento al año. La duda es si lo estamos logrando o no, aunque nuestra percepción es que la demanda está superando a la oferta.

Vale agregar un dato más. El director del Servicio Estatal de Empleo, Abelardo Antonio Ledesma Fregoso reveló un dato trascendental que poco caso le hicimos: de cada 10 personas que acuden a esa dependencia para conseguir trabajo, 6 son foráneos; es decir, gente que viene de otras entidades, sea porque huye de la inseguridad, sea porque busca, precisamente, mejores oportunidades de ingresos y de vida digna.

La gran mayoría de los solicitantes de empleo provienen del Distrito Federal y el Estado de México, principalmente, aunque también se registran inmigrantes de Nuevo León, Chihuahua, San Luis Potosí, Guanajuato y Michoacán.

 

* Sin respuesta

El otro fenómeno reciente tiene que ver, precisamente, con la oferta en servicios, específicamente los que se vinculan con el uso de las vialidades.

Parte de lo que a diario vivimos como habitantes de la capital queretana tiene que ver con nuestra incultura cívica: arrojamos basura a la calle, no cedemos el paso; le mentamos la madre al que se atreve a rebasarnos, damos la vuelta prohibida, nos estacionamos en lugares reservados a personas discapacitadas y frenamos sobre las “cebras” que son espacios para que camine el peatón, por solo mencionar algunas de las “faltitas”.

Como peatones, cruzamos las calles a medio arroyo; le hacemos “la parada” al camión a la mitad de la calle y hasta nos aventamos la puntada de cruzar las arterias viales cuando el semáforo está en siga… para los autos.

Encima de esto, la gran falla que cotidianamente vemos en las calles es la ausencia de agentes de tránsito, de policías y de quienes -ante la falta de cultura cívica del ciudadano- corrijan, orienten, aconsejen e incluso, por supuesto, sancionen.

Nadie, absolutamente nadie ya no digamos en las calles de alguna colonia alejada como Cerrito Colorado, San Pedrito Peñuelas o Lomas de Casa Blanca. Tampoco en las calles del centro histórico.

La comodidad de hacer “rondines” a bordo de las patrullas ha sustituido y quizá hasta eliminado al policía de a pie. Claro, hay unos cuantos uniformados que se concentran diariamente en el Jardín Zenea a platicar, a “echar novio”, para almorzar, pero no para cuidar.

La desidia, la pachorra, la falta de planes reales de atención al ciudadano, nos empiezan a ganar la partida.

Pareciera ser que quienes forman parte de la estructura del Estado (así, con mayúscula) están cien por ciento concentrados en estar alertas ante cualquier indicio, por mínimo que sea, de la presencia de delincuencia organizada. La lucha se ha centrado en impedir que hagan tropelías en tierras queretanas los cárteles de las drogas o las bandas de criminales que asolan otras entidades.

Lo ha dicho, con toda puntualidad, el gobernador José Eduardo Calzada, que en el combate al crimen organizado no hay tregua. Y tiene razón; el problema es que se ha descuidado lo que el mandatario en varias ocasiones ha pregonado: la reconstrucción del tejido social.

Hoy, más que nunca, con el exponencial crecimiento que registra Querétaro, resulta clave el trabajo en las calles, en las colonias, en las comunidades. La educación cívica, el respeto al prójimo, la solidaridad social, la protección al medio ambiente, la denuncia ciudadana, el apego a las leyes y muchos otros valores se han desdibujado.

El ejemplo reciente y claro es lo que sucede en la escuela “Luis Donaldo Colosio” de la colonia Solares Banthí, en donde casi media centena de niños reciben sus clases cotidianas a la intemperie.

Hace un año los padres de familia le pidieron al Coordinador de la USEBEQ, Jaime Escobedo Rodríguez, la construcción de un aula. Hace apenas 5 días y después de que la prensa local dio cuenta del hecho, se inició la construcción de un aula provisional.

Este es, decimos, el patético ejemplo de lo que hemos referido.

Después no nos quejemos de que la ciudad es un caos y los ciudadanos no cooperan. Hoy que vivimos la más impresionante inmigración, es el momento coyuntural para atender estos problemas. Después… después solamente nos quedará lamentarnos y cuidarnos cada quien como podamos.

 

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