11 de octubre del 2011

Código Político. Bomba sindical

Juan José Arreola

La bomba está a punto de estallar en el Sindicato Único de Personal Académico de la Universidad Autónoma de Querétaro (SUPAUAQ). Su onda expansiva podría alcanzar a uno o varios candidatos a la rectoría e incluso al actual ocupante de ese cargo, Raúl Iturralde Olvera. El sindicato de los catedráticos ha sido requerido judicialmente por al menos 3 jueces, para que responda por un convenio probablemente ilegal, firmado por el ex encargado de la Casa Club del sindicato, Julio César Rubio Abonce, y por su hermano, Marco Rubio, ex secretario general del gremio y actual Director de Recursos Humanos de la universidad.

Mediante dicho convenio pactado con la Caja Morelia Valladolid y firmado el 27 de junio de 2008 en la ciudad de Morelia, capital del vecino estado de Michoacán.

Quienes firman el documento, por parte de la “empresa” (es decir, el sindicato), son los licenciados Marco Antonio Rubio Abonce y Julio César Rubio Abonce. Como representante de la “Caja Morelia”, en este documento, se observa el nombre del también licenciado Ulises Rodríguez Olivarez.

Puntualizar, solamente, que en el citado convenio se consigna a Marco Antonio como representante legal del sindicato.

*Los movimientos

Mediante tal documento, se autorizaron mil créditos a similar cantidad de trabajadores del gremio y a pesar de que el dinero se liberó y entregó, ningún sindicalizado lo recibió por lo que es factible la existencia de un fraude que pudiera superar los 50 millones de pesos.

El actual secretario general del SUPAUAQ, Ángel Balderas Puga, especifica que “ahorita, la irregularidad es que se otorgan créditos a personas que no son miembros del sindicato ni trabajadores del sindicato; reciben créditos que no pagan o pagan parcialmente y en el convenio se señala que si los deudores dejan de pagar, se hace una penalización al sindicato”.

Por lo mismo, el representante jurídico de la Caja Morelia Valladolid giró la petición al sindicato de profesores de la universidad queretana, para que cubra el monto de los créditos más los intereses generados por no haber realizado los pagos en el tiempo estipulado.

“Nos preocupa que la Caja Valladolid nos requiera 300 mil pesos al mes, dinero que sobrepasa las cuotas sindicales, que ascienden a unos 250 mil pesos mensuales… nos quedamos prácticamente sin dinero. Nos preocupa porque además puede afectar el patrimonio del sindicato”, expresa Balderas Puga.

Del anterior encargado de la casa club del sindicato, Julio César Rubio Abonce, se sabe –de manera extraoficial- que salió del país; su hermano, Marco Rubio Abonce sigue laborando como funcionario de la universidad y ha dicho que la firma que se encuentra en los documentos de crédito, no es suya, que es apócrifa.

Por cuanto hace a la rectoría de la UAQ, no ha emitido comentario en torno a la situación.

Ángel Balderas detalla que el mentado convenio no es un documento oficial pues está escrito en papel no membretado. En él se estipula que los préstamos son para trabajadores del sindicato, pero el sindicato no tiene trabajadores.

Más aún, refiere que pidieron a la Caja Morelia Valladolid los nombres de los beneficiarios con los préstamos. De los poco más de mil beneficiarios de los créditos, solamente 20 son trabajadores de la UAQ; ninguno de ellos es profesor.

*Detalles

Hasta aquí lo oficial. El SUPAUAQ –pareciera ser- procederá penalmente contra quien resulte responsable y también solicitará al juez la anulación del contrato. Esto último lo va a lograr, pero antes habrán de pasar uno o dos años, tiempo durante el cual, si la caja se empeña en recuperar su dinero, podría embargar al gremio.

Uno de los ciudadanos que recibió el préstamo y que, por supuesto, no quiere se difunda su identidad, narró que, aparentemente, Julio César, tal cual, buscó en la calle a quienes quisieran obtener algún préstamo. Por lo menos, así “engancharon” a esta persona.

Siguiente paso, el mismo Julio César tramitaba el préstamo con una carta de aval que el sindicato entregaba a la caja popular. Además, obtenían documentación de la UAQ (o la falsificaban) para acreditar como docentes de la institución a quienes recibían el dinero prestado.

Ya con el dinero en sus manos, las personas entregaban una parte a Julio Rubio Abonce, con el argumento de que era para la parte social. Éste, a su vez, lo depositaba en una cuenta que se abrió a nombre de una “fundación” en la misma Caja Morelia Valladolid.

De esta manera –según versión no oficial y mucho menos confirmada- parte del préstamo se iba a esa cuenta y parte al abono de la deuda principal.

La primera semana de noviembre del año pasado, del 2010, Julio César Rubio, nos dicen, acudió a la Caja Morelia Valladolid para solicitar una ampliación de crédito para los mil y tantos deudores. La institución le dijo que no, que no podían ampliar el margen económico.

Un par de días después, dejó su responsabilidad frente a la Casa Club del SUPAUAQ. Su hermano, mientras tanto, concluyó su periodo como Secretario General del sindicato y entregó el cargo a Ángel Balderas Puga. Luego, se incorporó a la actual administración de la UAQ en calidad de Director de Recursos Humanos.

Hay quienes dicen que Julio César ya emprendió la huída. No lo sabemos. Hay también quienes dicen que Marco Antonio Rubio quiere ser el próximo director de la Escuela de Bachilleres de la universidad queretana, si es que gana su candidato.

Hay también quienes piensan que el titular de la Procuraduría General de Justicia, Arsenio Durán Becerra ya debería de intervenir. Es decir, que los del SUPAUAQ deben proceder legalmente para que así todo se aclare, independientemente de quienes resulten responsables y quienes exonerados.

 

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