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Los especialistas manifestaron su coincidencia en el hecho de que el conocimiento es el origen de la riqueza y que hay que poner a la ciencia y tecnología por delante si queremos construir un mejor México. “El no hacer cosas con nuestros propios medios no nos permite aprender, dejamos que los problemas avancen hasta que nos llega el agua al cuello y cuando eso pasa volteamos a ver a las llamadas potencias mundiales para que nos den soluciones y terminamos con deudas millonarias y, lo peor de todo, sin la adquisición del conocimiento para cuando se vuelva a presentar la problemática”, subrayó un experto en Aeronáutica.
En ese sentido, Herrera Ruiz aseguró que los mexicanos tienen las capacidades necesarias para desarrollar ingeniería propia de la más alta calidad “ni los japoneses, ni los alemanes son más inteligentes, el tema es la cultura y las políticas que tienen estos países en cuanto al apoyo a su propia tecnología. Los ingenieros de nuestro país tienen la capacidad de hacer las refinerías, no es posible que seamos uno de los países más ricos en petróleo del mundo y que estemos importando el combustible a tan altos precios”.
Al respecto, un destacado especialista en Electroquímica, puntualizó la necesidad de incentivar fiscalmente a las empresas para que inviertan en tecnología mexicana, “hay países en los que si tú como empresario extranjero quieres entrar al mercado nacional necesitas forzosamente contar con inversionistas locales, si quieres poner un negocio en China y no te asocias con los chinos, no entras”.
En este sentido se expusieron casos como el de Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo y quien paga apenas un siete por ciento de impuestos en nuestro país, cuando el mexicano promedio designa a este rubro más del 30 por ciento de sus ingresos; “Telmex prefiere adquirir todos sus insumos tecnológicos de telecomunicaciones afuera para luego venir a explotar el mercado local”, ejemplificó otro de los investigadores.
También señalaron que mercados que antes eran sólidos en México y que subsistían con medios nacionales, como el de las telecomunicaciones, agua y transporte, se han ido corrompiendo, limitando el beneficio para el país, debido a los negocios que de manera personal han emprendido funcionarios del gobierno. Aunado a que, en diversos casos por no estudiar cuidadosamente estas inversiones, se termina tirando una gran cantidad de dinero a la basura, no sólo en la adquisición de la tecnología sino también en su costoso mantenimiento; “muchas veces se buscan insumos chinos, como los autobuses del nuevo sistema de transporte metropolitano de Querétaro, no porque sean mejores que los que se podrían hacer aquí sino porque ya hay acuerdos económicos establecidos entre el gobierno y las empresas extranjeras”, destacaron.
En cuanto a la fuga de cerebros, coincidieron en la importancia de apostar a la formación de recursos humanos; sin embargo, señalaron que es indispensable generar las condiciones para que estos científicos desarrollen proyectos en la industria nacional. “En México se tienen grandes ideas, el problema es que muchas veces se quedan en eso y estas ideas deben salir de las universidades y de los laboratorios; la excelencia académica deja de ser suficiente si no se vincula con el sector empresarial”, subrayó uno de los asistentes a la reunión.
Por su parte, la candidata al III Distrito, quien también cuenta con una amplia experiencia nacional e internacional en la industria de las energías renovables, indicó que “se tienen que sentar las bases para establecer relaciones colaborativas entre los ingenieros y científicos, las empresas y las administraciones gubernamentales, esa es la ruta que han seguido otras naciones que hoy son potencias en el desarrollo tecnológico”, manifestó
Finalmente, los especialistas también reconocieron la pertinencia de mantener la colaboración con académicos, empresas y gobiernos de otros países para aprovechar la experiencia que han alcanzado en la creación de tecnologías de diversos ámbitos, de tal forma que en México puedan estudiarse y servir de referentes para el desarrollo de la tecnología propia.
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