Código Político. La crisis de la izquierda
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Por Juan José Arreola La izquierda queretana ha entrado a una profunda crisis de credibilidad. Los resultados electorales del pasado domingo 5 de julio así nos lo indican. Ni el Partido de la Revolución Democrática (PRD) ni el Partido del Trabajo (PT) lograron seducir al electorado y, por el contrario, lo alejaron tanto, que provocaron fuera directo a los brazos de otras opciones, como la ofrecida por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). |
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La debacle electoral del perredismo ha sido histórica. Nunca antes en toda su existencia había sufrido una derrota como la de ahora. Tan grave ha sido el fracaso electoral del partido del sol azteca que si hubiera obtenido solamente mil 24 votos menos, se queda sin diputado y sin registro como partido político.
*Enfrentamiento sin recato Al PRD le pasó casi lo mismo que al Partido Acción Nacional (PAN); en pleno proceso electoral -ya demasiado tarde para frenarla- estalló la crisis que se incubó años atrás al seno de la estructura partidista. Y a pesar de lo sucedido, del desastre electoral que se avecinaba, se negaron a verlo y, por consecuencia, no tuvieron la fortaleza suficiente para evitarlo. Sin lugar a dudas, las diferencias entre las dos principales corrientes políticas que subsisten al seno del PRD; la denominada Izquierda Unida (IU) y la Nueva Izquierda (NI) han demostrado que ideológicamente no existe punto de coincidencia. Por eso es que la permanente trifulca entre ambas no solamente continuará, sino que llevará a la ruptura inminente. Mientras esto sucede, los enfrentamientos de ambos grupos, que en Querétaro se personificaron en Pablo Héctor González Loyola Pérez (IU) y Horlando Caballero Núñez (NI), subieron de tono. Ambos, en público y sin el menor recato, se insultaron, se descalificaron e incluso -en otro tipo de palabras- se acusaron de delincuentes. Esa fractura partidista, trasmitida desde el centro político del país hacia todas las entidades, hizo mella en los perredistas queretanos, quienes se enfrascaron en una absurda disputa por las candidaturas que fue a parar hasta los tribunales judiciales. El siguiente paso que profundizó la crisis perredista fue la decisión de imponer candidatos; el PRD echó mano del “dedazo” para colocar candidatos afines a la dirigencia estatal. Enterados de tal procedimiento, en lugar de frenar la antidemocracia, la dirigencia nacional encabezada por Jesús Ortega Martínez, avaló la imposición. Fue patético escuchar a “Chucho” Ortega, en su visita a Querétaro, cómo justificó la imposición de José Carlos Borbolla García como candidato a gobernador, y cómo ignoró abiertamente la pretensión de Francisco González de Cosío de competir por tal postulación. *El factor López Obrador En el ámbito nacional, el enfrentamiento entre ambas corrientes políticas, derivó en la ruptura, de facto, de Andrés Manuel López Obrador con el perredismo institucional. De la misma manera que le sucedió al PAN, al entrar en rebeldía varios de sus militantes, el PRD sufrió por la rebeldía de López Obrador quien, sin recato alguno, actuó en contra de su partido al convocar a votar por el PT. Al final de la contienda, Andrés Manuel López Obrador no resultó ser un factor que atrajera votos ni para el PT, ni para los perredistas que, ilusos, emplearon su imagen como amuleto para ganar electores. Baste citar el caso del postulado a diputado federal por el segundo distrito de Querétaro, el abogado Arnulfo Moya Vargas, quien con todo el esfuerzo del mundo y con un ahínco digno de los viejos militantes de la izquierda histórica, realizó una campaña ejemplar. Los resultados, sin embargo, fueron magros. Sumó apenas cinco mil 858 votos; menos del diez por ciento del total que sumaron los postulados por el PRI (59 mil 104 sufragios) y por el PAN (59 mil 475 votos). Muy parecida suerte la que corrió el candidato del PT a gobernador del estado, Francisco Núñez Montes, quien apenas logró atraer el 2.21 por ciento de la votación total; esto es, solo 14 mil 403 votos.
*Síndrome Zárraga Trejo El PRD es hoy, en Querétaro la sexta fuerza electoral. Lo superan el PAN, el PRI, el Partido Nueva Alianza, el PVEM así como el Partido Convergencia. Y no obstante la caída espectacular, personajes que mucho aportaron para que ésta sucediera, hoy, con todo el cinismo del mundo, han optado por refugiarse en el síndrome del “yo no fui”. El todavía alcalde perredista de Tequisquiapan, Noé Zárraga Trejo, ciertamente que reconoció el que “hay facturas que se pagan y desgraciadamente el PRD tuvo que pagar”, refiriéndose a la derrota sufrida por su partido en este municipio que habían gobernado por dos trienios continuos. En la actual elección, el PRD obtuvo en Tequisquiapan apenas mil 301 votos lo que representa el 5.3 por ciento del total. Noé Zárraga fue electo presidente municipal al recibir, en las elecciones del 2006, el 28.07 por ciento. Tres años después esa votación se redujo ¡22.6 por ciento! Sin embargo, Zárraga Trejo consideró que esto se debió a la práctica del “dedazo”, al imponerse desde el Comité Ejecutivo Nacional, al candidato a presidente municipal en esta localidad, José Luis Trejo Moreno. Nunca aceptó que su actuación como autoridad municipal, haya influido en la baja votación. Sus deslices amorosos, las trifulcas pendencieras que protagonizó, sus líos con la justicia y tantas otras tropelías, simplemente nada tuvieron que ver según su visión. En serio, al PRD le urge un balance realista, sin temores ni condescendencias. Si quiere reconstruirse y ser parte de una verdadera alternativa de gobierno, necesita decirse la verdad para poder corregir; no engañar, como pretende Noé. |
