Código Político. Las tareas del PRD
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Por Juan José Arreola La tentación es grande: responder a la pregunta ¿porqué el PRD fue uno de los perdedores en la pasada contienda electoral? Dan ganas de enumerar una serie de errores que, sí lo haré, por supuesto, aunque antes quisiera destacar tres aspectos que debe tener todo partido político. *Certidumbre y principios Para que la ciudadanía crea, confíe o acepte los postulados de un partido político, debe generar certidumbre; esto es, un sentimiento de credibilidad, de verdad. Este principio vale hacia afuera; esto es, hacia los electores, los simpatizantes, los seguidores, los que se identifican, pero también hacia adentro; creer en la dirigencia, en sus propuestas, en la institución, en el proyecto y, contrariamente, en la militancia, en los compañeros y compañeras. |
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Claro que esto no funciona si no hay un segundo elemento que todo partido político debe de tener y compartir hasta por el más reciente afiliado, son los principios ideológicos. Tener principios ideológicos, comprenderlos, compartirlos y luchar por ellos, elimina la práctica coyuntural o casuística; es decir, el “montarse” en asuntos opositores simplemente por ser oposición y ya; el que haya “líderes” que por tener influencia sobre una parte de la sociedad, se convierte en dirigente del partido. A estos dos elementos hay que sumar el factor disciplina; esto es, la actividad coherente de toda la militancia, a partir de la presentación, discusión y aprobación de planes de trabajo. Atendidos y aprobados, el partido debe actuar como un todo; ser coherente en las acciones, en las reacciones y en las opiniones.
*Partido desdibujado Al faltarle estos elementos al PRD queretano se generó una diáspora; esto es, una especie de explosión que hizo volar en miles de fracciones y en similar cantidad de direcciones, su actividad. Pareciera que cada militante era un partido; cada quien con su cada cual con el rumbo personalmente decidido. Al no contar con una definición ideológica ni con un plan de trabajo (o si lo había, no se conocía o, peor aún, se ignoraba) asumidos por la militancia, el partido perdió la dirección y ésta -la dirección misma- perdió autoridad. Al no haber ideología, el concepto de “izquierda” se volvió abstracto; cada quien lo interpretó a su muy particular punto de vista. Hubo quienes lo entendieron como la lucha por los que menos tienen, pero también hubo quienes dejaron la impresión de que significaba luchar por un beneficio particular. Ideológicamente la izquierda se desdibujó. Dejó de tener un significado particular para convertirse en un referente amorfo. Por eso es que, en la práctica, en lugar de lucir como un partido de izquierda y de oposición ideológica, se transformó en un grupo o, mejor dicho, en grupos de presión cuyo único objetivo -parecía- era la de lograr prebendas a cambio de frenar movilizaciones. Esta dispersión perredista permitió que tales grupos de presión se disfrazaran de corrientes ideológicas internas y disputaran el poder partidista sin un debate real sobre diferencias o coincidencias en el plan de trabajo o en lo ideológico, y sí, concentrándose en discutir quien tenía más “merecimientos” para ocupar tal o cual cargo o en distribuirse los cargos de acuerdo a la fuerza que hubiera demostrado cada corriente política o grupo de presión. Esto distorsionó la lucha del PRD, envileciéndola al generar enfrentamientos físicos y verbales entre los citados grupos; generó acciones de “juego sucio” entre las mismas, disputándose cargos públicos y posiciones partidistas llegándose al extremo de incurrir en el fraude, la trampa y la falsificación de resultados. El PRD tocó fondo en el proceso electoral de este año, al sufrir la peor derrota comicial en su historia, antecedida por añejos problemas que no se quisieron ver y que, finalmente, estallaron justo en la contienda comicial. Uno de esos elementos fue, sin lugar a dudas, la pésima imagen que dejaron entre la ciudadanía los funcionarios públicos perredistas, llámense como se llamen. Al fin y al cabo, todos saben qué hicieron y qué dejaron de hacer. La consecuencia fue una lógica derrota que a punto estuvo de dejar al partido sin su registro legal. El ejemplo de la escandalosa derrota es el municipio de Tequisquiapan, pues de los veintitantos puntos porcentuales que obtuvo en el 2009, se derrumbó a más o menos 5 por ciento. Es decir, se perdió el 75 por ciento de la votación. Y a pesar de todo esto, no es el tiempo ni de la cacería de brujas ni de la autoflagelación; son tiempos de reconstrucción, tiempos de volver a edificar con claridad, de analizar las cosas de una manera honesta, humilde y, sobre todo, sensata y veraz. Son tiempos, en fin, de aportar. Para tal efecto, valdría la pena considerar los siguientes cinco aspectos. 1. Revivir la vieja tradición de la izquierda mexicana de los llamados círculos de estudio, grupos de formación o como quieran llamarle. Al fin y al cabo el objetivo es el mismo: formar ideológicamente a todos los simpatizantes, adherentes o militantes del partido en la visión política de la izquierda. 2. Con la reafiliación que ya es una campaña aprobada e iniciada, valdría la pena reinsertar la también vieja tradición de la izquierda mexicana, de las cuotas económicas de cada miembro del partido, entendiéndose como el aporte que cada uno realiza para sostener al mismo. 3. Redefinir la estructura organizativa partidaria. Lo planteo como una pregunta: ¿Qué referencia cotidiana tiene el miembro del PRD con su mismo partido? Si no hay reuniones cotidianas, si no hay tareas cotidianas, no hay sentido de pertenencia. Por eso es que resulta fundamental crear estructuras partidistas de barrios, por colonias, ejidos o incluso, por distrito o sección electoral. Como se considere más pertinente; y si ya se tienen, revisar su funcionamiento. Reuniones semanales y, parte de ellas, dedicadas a la cultura política. 4. Impulsar campañas estatales; al menos dos al año, que active a la militancia y la haga ser parte de las decisiones del partido. 5. Modernizar el aparato burocrático del partido; específicamente el de comunicación social. Es menester, por ejemplo, definir campañas mediáticas, difusión del símbolo partidista; la creación, sí, de una campaña mercadológica de posicionamiento del símbolo, slogan y colores del partido en tiempo no electoral. |