Código Político. Sentenciados
|
FOTO: Ricardo Astidillo |
|
Juan José Arreola El Partido de la Revolución Democrática (PRD) se encuentra severamente dañado; las afectaciones en su organismo, que empezaron hace varios años con la disputa de las candidaturas y los cargos de poder, se han complicado al grado de imposibilitarlo de movimientos. |
|
La gravedad se profundiza por su necedad de no querer reconocer que está enfermo, que el cáncer del divisionismo ha carcomido a tal grado su cuerpo, que prácticamente no se vislumbra por dónde salir a resolver la situación. Los vituperios, el cruce de acusaciones, las descalificaciones y hasta la amenaza de proceder penalmente contra sus propios compañeros, son la clara muestra de lo que aquí referimos. Por eso es que el vaticinio que en este momento se puede hacer con un buen grado de certeza, es que el PRD sufrirá una nueva derrota comicial en el ya no tan lejano 2012 que bien los puede mandar al quinto o sexto lugar. *Secuela electoral El punto de partida de la crisis perredista es, vale recordarlo, su incapacidad para conciliar los intereses de los grupos de presión que en su seno se mueven; por eso es que al proceso electoral del 2009 llegaron sin haber logrado acuerdos entre ellos, lo que obviamente redundó en la peor derrota electoral de su historia. Vale recordar también que en ese proceso perdieron las 2 presidencias municipales que gobernaban: Arroyo Seco y Tequisquiapan (ambas presididas, ahora, por funcionarios del Partido Acción Nacional). El golpe que le significó esta debacle no fue enfrentado con estrategia política que condujera a una rápida recomposición sustentada en una tardía pero necesaria unidad. Por el contrario, las diferencias entre los grupos se profundizaron a tal grado que el encabezado por Horlando Caballero Núñez, excluyó de la conducción real del PRD a las demás agrupaciones. Una segunda corriente, la encabezada por Pablo Héctor González Loyola Pérez, aliada con el grupo liderado por Ulises Gómez de la Rosa, concertaron acuerdos pero no, como se supondría, para recomponer la situación, sino para tratar de desbancar de la dirigencia a Caballero Núñez. Otro bloque, el tercero, de plano optó por la ruptura y decidió migrar al Partido del Trabajo. En éste se encuentran, entre otros, el ex regidor en el municipio de Cadereyta, Óscar Alcázar Zaragoza y perredistas que antes militaron en el petismo. Por eso es que en lugar de conciliación y análisis, el PRD ha vivido en los últimos 12 meses una de sus peores pesadillas. *Estallidos incontrolados En medio de tales condiciones estallaron otros conflictos como el par de demandas laborales que ex empleados del partido interpusieron en su contra y que, a la postre, lograron ganar al PRD. Golpe moral significó para el solaztequismo queretano otro conflicto en el que se vio involucrado su ex diputado local, Jesús Coca González, detenido en la ciudad de San Juan del Río, acusado de ser el cabecilla de una banda que se dedicaba al robo de rieles de las vías del ferrocarril. Quizá el asunto menos percibido pero que también ha mellado al partido, aún cuando paulatinamente, la mínima o nula operatividad y presencia política de su diputado local, CresencianoSerrano. Siendo el principal funcionario público perredista es, solo para poner un ejemplo, el legislador que en menos ocasiones ha ocupado la tribuna parlamentaria; es, también de los diputados que menos iniciativas de ley ha presentado. Tampoco se sabe de actividades públicas que realice, sea como legislador, como político o, por lo menos, como persona. Para rematar, la nula presencia mediática del PRD, su inopinada actitud ante conflictos sociales destacados y la ausencia de una estrategia de posicionamiento político, completan el cuadro. En este contexto resulta lógico el estallido que se gestó en sus filas apenas la semana anterior, cuando la dupla Ulises Gómez- Pablo González trató de destronar a Horlando Caballero de la presidencia del Comité Ejecutivo Estatal (CEE). Éste, aunque lento (lentísimo) respondió a la intentona bajo el amparo -ahora sí- de los reglamentos internos del perredismo. Independientemente de cómo resuelvan o desactiven este enésimo conflicto, el hecho real es que al PRD se le acaba el tiempo y las oportunidades. Si no toma este último impulso, muy seguramente llegará tarde -otra vez- a su cita con el proceso electoral del 2012. Lo más grave aún es que el mejorar las cosas ya no está solamente en sus manos; es decir, aún cuando tuviera ante sí el más positivo de los escenarios, que implica un nuevo acuerdo de unidad y de fidelidad partidista entre sus grupos, lo que hagan o dejen de hacer los demás partidos políticos que se reivindican de la izquierda mexicana, determinará sustancialmente las cosas. De este futuro inmediato, prospectivamente podemos plantearnos un escenario determinado por los siguientes elementos. a). La postulación a la presidencia de la república, por parte del PT, de Andrés Manuel López Obrador, con la consecuente ruptura de la añorada alianza de todas las izquierdas mexicanas y, obviamente, las queretanas. b). Una nueva ruptura perredista a partir de esta candidatura, de quienes aún dentro del partido, simpaticen con la postulación de López Obrador. Por eso, en el menos grave de los futuros, el PRD no sufriría una nueva ruptura pero muchos de sus miembros muy seguramente votarían por el candidato petista. c). Por el lado del Partido Verde Ecologista de México que dirige en la entidad, el diputado Ricardo Astudillo Suárez, muy seguramente habrá amarrado una alianza electoral con el Revolucionario Institucional (PRI) que lo podrá catapultar en las preferencias electorales y consolidarse como la tercera fuerza electoral. d). Finalmente mencionar que el Partido Nueva Alianza muy seguramente apostará también por aliarse, ya sea con el PRI o con el PAN, lo que dejará al PRD con la única posibilidad de aliados en el Partido Convergencia de José Luis Aguilera Ortiz. Si no pacta con los del partido naranja, estaremos viviendo el caudal electoral más reducido que logre el PRD, al grado de correr el riesgo de perder su registro. Claro, a menos de que cambien su comportamiento y visión política. |
