Código Político. Inercias políticas
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Juan José Arreola Parece ser que al Partido Revolucionario Institucional (PRI) lo ataca un síndrome muy similar al que atacó -y está a punto de dañar severamente- al Partido Acción Nacional (PAN). No sé si tiene nombre, pero hace que los partidos adquie-ran tal confianza en la inercia política que en esos momentos piensan que invade a la ciudadanía, que empiezan hablar sin resquemores del “corredor azul” o de la “ola roja”. Es una especie de confianza desmedida, de soberbia, de subestimación del pensamiento colectivo de los ciudadanos, de menosprecio por los contrincantes políticos. El blanquiazul, sus líderes y militantes, se dieron cuenta demasiado tarde de que iban al despeñadero. |
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Versiones de varios de los que participaron en la campaña electoral pasada, específicamente en el equipo del entonces candidato a gobernador, Manuel González Valle, recuerdan que los números les reflejaban que la derrota era más probable que la victoria, pero se negaban a asumirlo y, más aún, a decírselo al candidato. Incluso el mismo día de las elecciones, después de que las cifras preliminares apuntaban que el priísta José Calzada Rovirosa era el ganador, hubo quienes, panistas, tuvieron la infame idea de sugerir salieran a celebrar el triunfo. A esas horas, las calles de Querétaro estaban invadidas de calzadistas. Después de poco más de un año de la derrota electoral fue que los del blanquiazul empezaron a reaccionar; asimilaron que habían perdido y voltearon a ver los destrozos que tenían en casa.
* Viene a colación lo antes referido, al cumplirse la mitad de la gestión de los diputados que forman parte de la 56 legislatura y de los gobiernos municipales, que es el tiempo justo -en el reloj político electoral no oficial- para iniciar las acciones dirigidas al venidero proceso electoral. Tanto priístas como panistas han realizado ya los actos que bien podrían simbolizar los arranques no oficiales de sus respectivas campañas electorales rumbo al 2012. La toma de protesta de Mauricio Ortiz Proal como presidente del comité directivo municipal de su partido, en uno de los casos, y el desayuno de la amistad, encabezado por Ricardo Anaya Cortés, en el caso del blanquiazul. Casi desde que regresó al poder, el PRI invadido paulatinamente por el síndrome sin nombre, se ha fijado el reto de incrementar su presencia en la Cámara de Diputados hasta alcanzar la mayoría por sí mismos. Ha planteado, igualmente aumentar el número de municipios que sean gobernados por funcionarios surgidos de sus filas… igual que lo soñaba el PAN. Hay quienes dicen que el sueño es el mentado “carro completo”. En esto de las metas hay claridad; en lo que todavía pareciera ser que no se ve la luz al final del túnel es con quién o quiénes, lo podrá lograr.
*Inercia política Queda claro que el tricolor queretano tiene tales planes, confiado en que podrá aprovechar dos inercias políticas que muy seguramente tendrán impacto en el proceso comicial. Uno, el que representa Enrique Peña Nieto, claro está, si es él su candidato presidencial, debido a la presencia mediática que ha tenido en los últimos 3 años. La segunda, el “efecto Calzada”, gracias también a su favorable impacto en los medios de comunicación estatales y locales, así como al ejercicio de una administración que supera a su antecedente, la encabezada por el panista, Francisco Garrido Patrón.
La pregunta que hoy muy seguramente no se ha planteado el PRI es si le será suficiente para ganar. La duda razonable viene a colación por el tercer efecto que entrará en juego: el de los candidatos y candidatas. El PRI, como cualquier otro partido político que aspire a gobernar, deberá de resolver la elección de 18 fórmulas de candidatos a los ayuntamientos y 25 de diputados locales además de los correspondientes al Senado de la República y los 4 a diputados federales. En otros tiempos, cuando el PRI siempre ganaba y la elección de candidatos eran los cuates o los compadres pues se tenía garantizado su ascenso al poder, no había problemas. Tampoco había problemas cuando el tricolor navegó en las aguas de la oposición. Prácticamente poner a cualquiera, sin importar si tenía o no presencia ciudadana y entre la militancia, daba lo mismo: muy seguramente perdería. Hoy es diferente. Si es real lo que dijo el gobernador Calzada Rovirosa el pasado viernes en la sesión extraordinaria del Consejo Político Nacional de su partido, de que se iniciará una segunda transición, entonces el priísmo debe de modificar su forma de actuar en las dos épocas anteriores. Tiene la obligación de elegir candidatos (as) atractivos políticamente a la gente, a los votantes, que han demostrado que sí evalúan, sí castigan y, por supuesto, que sí piensan su voto. ¿Con cuántos de este tipo de potenciales candidatos cuenta el tricolor? Es decir, políticos carismáticos, con ascendencia popular, influyentes al interior del partido. Hoy todo indica que el PRI tiene la apuesta colocada en las inercias políticas, pero no en sus potenciales candidatos. |