Todos somos Querétaro. Roles de género
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Micaela Rubio
Verónica es Licenciada en Mercadotecnia, Gerente de Ventas de una empresa de línea blanca; trabaja ahí desde que acudió a hacer sus prácticas profesionales de la Universidad. Dentro de las cualidades de Verónica resaltan la puntualidad y el compromiso con su trabajo. Todos los días se levanta a las 6:30 am, para dar tiempo a su aseo personal, despertar a sus dos pequeños hijos de edad escolar, darles de desayunar y llevarlos al colegio. Después de la ya, para esas horas, larga mañana doméstica, llega a su trabajo a las 8:30, y entonces asume el rol de empleada. |
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Gerardo, su esposo, ayuda en la acelerada rutina de las mañanas; sin embargo, la lejanía de su trabajo y los compromisos adquiridos, limitan su desempeño en las labores del hogar. A Verónica le fascina su empleo, busca crear un ambiente de trabajo cálido y de respeto entre sus compañeros y subordinados, tarea que no ha sido fácil, pues se encuentra rodeada en su mayoría por hombres. Así como Verónica, muchas mujeres se han esforzado por abrir camino en la difícil tarea de conseguir un empleo en niveles de toma de decisiones, por lo que suelen llamar la atención y muchas veces despiertan la admiración de quienes las rodean. Pero también es común que la capacidad de las mujeres que ocupan cargos de dirección se cuestione, y se opte por asegurar que sus cargos son consecuencia de ‘favores’ dados a cambio. Cuando hablamos de empoderamiento femenino, erróneamente pensamos en un movimiento feminista, que viene a derrocar y limitar el poderío de los varones. Las iniciativas que buscan favorecer el empoderamiento femenino, es decir, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, suelen ser atacadas porque se argumenta que esa igualdad y equidad de género ya está dada. Que hace mucho tiempo, efectivamente, la mujer estaba marginada, pero que ahora es otra época, porque hay ejemplos de mujeres, como Verónica, que tienen las mismas oportunidades que los hombres. Efectivamente, la brecha de desigualdad se ha ido reduciendo, por ejemplo en Querétaro respecto al grado de escolaridad, el promedio en la entidad es de 8.92 años de estudio, 9.14 para los varones y 8.73 para las mujeres; y en el caso de las mujeres que acceden a un nivel profesional, los números son más parejos; pero el problema subsiste al momento de insertarse en la vida laboral, donde la brecha de desigualdad es más aguda. Las mujeres en general ganan el 10% menos que los hombres, y las obreras y artesanas llegan a ganar hasta un 38% menos de salario que los hombres que realizan la misma labor y esfuerzo. Ciertamente, Verónica logró vencer la dicotomía de lo público / privado; aquélla que prevalecía en las sociedades tradicionales, en las que las mujeres estaban asociadas a ser procreadoras, madres y encargadas de los asuntos del hogar, mientras que los hombres debían ser proveedores; por lo que resultaba ampliamente justificado que ellos ganaran más que las mujeres, pues eran los varones quienes sostenían a las familias. Para aspirar a una sociedad más igualitaria y equitativa, que busque dotar de capacidades a todos sus integrantes por igual, es indispensable erradicar estos paradigmas, que por siglos han marginado a las mujeres. Comúnmente, escuchamos en voz de los que niegan la pertinencia de políticas públicas con perspectiva de género, que vivimos en un matriarcado, y que las mujeres son tan inteligentes, valiosas, audaces… y quinientas lisonjas más que vienen a su mente, para argumentar que las mujeres no requieren de una ayuda adicional para avanzar en la sociedad, pues por ejemplo son ellas, las mujeres, quienes mandan en su casa. ¡Más absurdo no podría ser el planteamiento! Las mujeres no necesitan mandar, necesitan tener la posibilidad de acceder a cargos, públicos y privados, de toma de decisiones, cosa que hoy no sucede: los datos existen, son reales. La brecha de desigualdad no es un invento creado por las mujeres para satisfacer sus deseos de poder, lo avalan organismos internacionales en documentos oficiales, todos firmados y ratificados por nuestro país, en los que el Estado mexicano se compromete a reducir estas brechas, entre ellas las cifras de violencia contra la mujer, de las que ya hemos hablado, y que resultan aterradoras. Se requiere pues, un cambio en el imaginario social, para dar a paso a una cultura de respeto y complementariedad, se debe capacitar a la mujer para ser líder, empleada, profesionista; sin emprender una lucha de sexos, mucho menos una guerra, sino aprendiendo a entender que cuando las mujeres de un país y un estado se vean fortalecidas, ese país o estado va a avanzar más rápidamente en su desarrollo. No es poca cosa luchar por la mitad, poquito más, de la población mundial, por la mitad de México, por la mitad de Querétaro. Antes y después de todo, todos somos Querétaro Espero tus comentarios en micaela.rubio@legislatura-qro.gob.mx |