05 de mayo del 2011

Género y participación política

“No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que pasaba era que los que estaban peor, todavía no se habían dado cuenta.” Mafalda (protagonista del cómic homónimo creado por Quino).

Micaela Rubio

Existen personas fatalistas que buscan justificar su comodidad para no dar paso al cambio, y los argumentos que esgrimen resultan tan débiles como su capacidad de adaptación, lo que suele llevarlas al fracaso.

Un tema de indudable relevancia es la inclusión de las cuestiones sobre la mujer en las agendas públicas, tema que en décadas recientes ha ido permeando en las sociedades de todo el mundo; sin embargo, la resistencia que existe en las esferas de poder para que las mujeres sean incluidas en la toma de decisiones, es evidente.

La sociedad actual ha reconocido la brecha de desigualdad que existe entre hombres y mujeres, y el acceso limitado de éstas últimas a los bienes, satisfactores, derechos y oportunidades de la vida en comunidad, lo cual no es un tema que se pueda reducir a una explicación simplista del “machismo” de los mexicanos.

Habría que empezar por razonar sobre la desigualdad histórica entre hombres y mujeres en el mundo, con el objeto de encontrar mecanismos eficaces y eficientes para lograr una redistribución justa, tanto de los bienes tangibles (salud, educación, alimentación) como intangibles (libertad, justicia, sano esparcimiento).

La sabiduría simple del personaje de Mafalda, nos lleva a reflexionar respecto de si la participación política de las mujeres, en tiempos pasados, se debió realmente a que a las mujeres no les gusta la política, o a que les llevó mucho tiempo obtener de los hombres, que eran quienes hacían las leyes, el reconocimiento de sus derechos políticos.

Es necesario también preocuparse por las aseveraciones palmarias, aceptadas en nuestra sociedad, a las que alude Jonh Stuart Mill al señalar que el deseo natural de merecer la consideración de nuestros semejantes, es tan fuerte en el hombre como en la mujer; pero la sociedad ha arreglado el asunto de tal manera, que la mujer no puede, por punto general, gozar de la consideración pública, a no ser por reflejo de su marido o de sus parientes del sexo masculino.

Ciertamente, en las sociedades pasadas, resultaba válido que los varones se ocuparan de las cosas públicas, mientras que las mujeres estaban confinadas a la vida privada, es decir, al hogar, la familia y los quehaceres domésticos.

Hoy en día, la participación política de las mujeres no puede ser abordada desde la perspectiva de las mujeres receptoras de una concesión, sino por el contrario, como un tema de desarrollo, según el cual las mujeres necesitan formar parte de la toma de decisiones, para complementar la visión con perspectiva de género.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ha definido el Índice de Potenciación de Género, que tiene por objeto medir la participación de las mujeres en la vida pública en los países asociados, por lo que urgen reformas legales para el adelanto de las mujeres en nuestro Estado.

En la medida en que las mujeres participen en la vida pública, nuestro Estado podrá aspirar al pleno desarrollo, con la visión que complemente las acciones que hasta hoy se han desarrollado.

Los cambios sociales indudablemente surgen de la sociedad misma. Los movimientos que, desde hace décadas, propusieron la inclusión de las mujeres en la política, han potenciado grandes logros a fuerza de constancia y convicción.

Corresponde a nuestra generación, que ha sido beneficiaria de esos movimientos y del cambio de estructuras sociales que han propiciado, insistir y direccionar los cambios aún necesarios, para lograr una verdadera inclusión en las diferentes esferas y tener acceso a la distribución de bienes, oportunidades y recursos para todos los grupos sociales.

Espero tus propuestas y comentarios en:

micaela.rubio@legislatura-qro.gob.mx

 

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