Código Político. Parlamentarios
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Juan José Arreola Dos reuniones, dos sucesos trascendentales en la legislatura queretana, provocan que dediquemos varias líneas y algunas reflexiones sobre lo que hacen, dejan de hacer; cómo hacen y deshacen el parlamentarismo local. I. La memoria no nos alcanza para recordar si en algún momento de la historia contemporánea del país y, específicamente de Querétaro, los diputados suspendieron una resolución con el único objetivo de saber el punto de vista del Poder Ejecutivo, sobre una ley o acuerdo que el Poder Legislativo habría de tomar. |
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No es lo mismo -aclaramos- una consulta pública, abierta y convocada por los mismos legisladores, en torno a un tema específico, que lo sucedido apenas la semana pasada. Los diputados que forman parte de la comisión de Movilidad Sustentable de la 56 legislatura del estado, aprobaron por unanimidad la propuesta de esperar a que la Secretaría de Gobierno del estado se pronuncie, por escrito, respecto a la Iniciativa de Ley que deroga el artículo 103 y adiciona una nueva fracción X, recorriéndose la actual para quedar como fracción XI al artículo 104 de la Ley de Transporte Público del Estado de Querétaro. Dicha iniciativa, presentada por el diputado de Convergencia, José Luis Aguilera Rico, plantea se revoquen las concesiones cuando operadores del transporte público colectivo hayan cometido delitos dolosos o culposos en lesiones o muerte de usuarios o terceros. A la reunión de esta comisión concurrieron su presidente, el diputado del PAN, Marcos Aguilar Vega, J. Jesús Llamas Contreras del PRI y J. Belem Junco Márquez, de Nueva Alianza. Los tres, en sus intervenciones, coincidieron en pronunciarse en contra de la propuesta legal presentada por José Luis Aguilera pues, entre otros argumentos, consideran que el legislador del partido naranja confunde el proceso al pretender sancionar a un concesionario por la falta cometida por el chofer. Esta propuesta establecería, además, un mal precedente al permitir la existencia de una ley de excepción, pues iría dedicada exclusivamente a los concesionarios del transporte público de pasajeros. Por si fuera poco, viene a contraponerse a la decisión recientemente adoptada de permitir se hereden las concesiones de este servicio público, al considerarse un derecho al trabajo indiscutible. Un tercer argumento tiene que ver con la decisión, también recientemente adoptada por otros diputados, los de la comisión de Administración y Procuración de Justicia, que aprobaron tipificar como delito grave, la muerte o lesiones causadas por operadores del transporte público, con lo que ya no tendrán derecho a fianza. Es decir; las cosas están claras y con argumentos. Los diputados pueden decidir sin problema alguno. Por eso, justamente, resulta extraño que hayan postergado la decisión de rechazar la iniciativa de ley presentada por el diputado de Convergencia, para esperar a que el secretario de Gobierno exprese su punto de vista. Dicho en otros términos, están a la espera del argumento de un personaje con el peso político necesario como para frenar la iniciativa. No quisiéramos pensar que la autonomía del Legislativo se haya puesto en riesgo solo por querer tener argumentos de poder.
II. En ocasiones uno se hace preguntas sobre la utilidad de la política tal como hoy la conocemos; cuando se observa el actuar de varios ciudadanos que se dicen políticos las cosas parecieran ser que se construyen, se fomentan o se impulsa, por el simple deseo de mejorar… pero la condición personal o, en todo caso, la del partido político o del grupo al que uno pertenece y le debe el favor de estar en donde se está. Hacen pensar que hay quienes actúan por consigna, como decimos coloquialmente. Acudió el presidente municipal de Tequisquiapan y miembro del Partido Acción Nacional (PAN), Raúl Orihuela González, a la casa legislativa para reunirse con los diputados que forman parte de la Comisión de Hacienda del congreso queretano. Lo citaron para que explicara en qué pensaba invertir los 60 millones de pesos que pretende obtener vía el endeudamiento con Banobras. El alcalde, su tesorero y su director de Obras Públicas, describieron a los legisladores el plan de acción, qué obras realizar y con qué objetivo. Dejaron en claro que la idea es alentar el turismo. Palabras más, palabras menos, el legislador del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Bernardo Ramírez Cuevas, concretó su oposición a la autorización del préstamo, diciendo: “solamente son unos mercados y dos o tres plazas”. Lo grave, sin embargo, no fue la opinión de este legislador, pues a fin de cuentas, el representante de Banobras dijo que no había problema para liberar el crédito. Incluso, el diputado de Convergencia, José Luis Aguilera Rico, recriminó a sus iguales la lentitud con la que han actuado para resolver este asunto de manera positiva. Fue el mismo alcalde, Raúl Orihuela, quien reveló que han cumplido con todos los requisitos exigidos a excepción de uno. Les falta, sólo, una carta de gobierno del estado mediante la cual da su visto bueno para que el trámite se realice. El gobierno tequisquiapense solicitó al Poder Ejecutivo la expedición del referido documento desde diciembre del año pasado, pero es día que no la han entregado. Diríamos que es precautoria la actitud del gobierno de no emitir la carta para así evitar que los ayuntamientos se endeuden y sigan arrastrando problemas financieros, lo cual tiene coherencia, se esté o no de acuerdo. Si ese fuera el razonamiento, lo compartiríamos. Sin embargo, ya ha expedido la misma carta para que otros municipios se endeuden, como es el caso de Corregidora que, coincidentemente, es gobernado por un militante del PRI. Pero aceptemos que todavía en esas fechas se podía liberar esos créditos sin riesgo a la debacle financiera. Si es así ¿Por qué no decirlo abiertamente? ¿Por qué no plantear con claridad que a partir de tal fecha el gobierno de la entidad no emitirá más cartas de este tipo? Ver a los diputados del PRI que forman parte de esa comisión cómo sufrían por encontrar argumentos para rechazar el endeudamiento fue, de verdad, un espectáculo que empobrece la política, aunque también entendimos por qué ‘malabarearon’ tanto. |