Código Político. Cifras de la delincuencia
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Juan José Arreola Querétaro no es el lugar más seguro del país. No lo decimos nosotros, lo dicen los datos y estadísticas oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Sus cifras fueron ana-lizadas por personal del Centro de Análisis de Políticas Públicas, dependiente de la organización “México Evalúa”. |
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Nada tiene que ver esto con la presencia o ausencia de bandas delictivas organizadas ni con los cárteles de las drogas. Tiene que ver con la incidencia de 5 tipos de delitos violentos: homicidio, secuestro, extorsión, robo con violencia y robo de auto con violencia. El estudio tiene la característica de establecer cifras e índices de violencia que contabilizan, a nivel nacional y estatal, no solamente las víctimas visibles o directas de los principales delitos, sino también las víctimas invisibles e indirectas que son las personas que forman parte de las familias afectadas por un delito y que sufren sus efectos, como es el caso de viudas, huérfanos, hermanos, padres y madres. *Números fríos De esta manera, el estudio revela que del total de las víctimas contabilizadas en los últimos 14 años, 91.9 por ciento corresponden a quienes sufrieron robo con violencia, el 6.5 por ciento a víctimas de homicidio, el 1.3 por ciento a víctimas de extorsión y el 0.3 por ciento a víctimas de secuestro. La medición, publicada hace apenas unos días, refleja estadísticamente lo sucedido en el transcurso de enero a julio del presente año, y muestra que en Querétaro el Índice de Víctimas Visibles e Invisibles (IVVI) es de 0.49 por cada diez mil habitantes. La cifra es baja, notoriamente baja si se compara con las 10 entidades con mayor cantidad de víctimas de estos 5 tipos de delitos. Durango, que es la entidad con el mayor índice de IVVI, registra 4.66 víctimas por cada 100 mil habitantes, seguida de Chihuahua (4.30), Morelos (1.81), Baja California (1.67), Sinaloa (1.64), Tabasco (1.60), Tamaulipas (1.58), Guerrero (1.52), Aguascalientes (1.41) y Michoacán (1.41). Por el contrario, las entidades con el índice más bajo son las de Campeche (0.16), Tlaxcala (0.17), Yucatán (0.24), Oaxaca (0.27), Veracruz (0.32), Sonora (0.48), Puebla (0.48) y Querétaro (0.49). La ubicación y las estadísticas, por sí mismas, deberían de alentarnos y celebrar que nos encontramos entre las entidades menos violentas. Sin embargo las cosas se empiezan a empañar si tomamos en consideración que del 2010 al 2011, la entidad perdió tres lugares en esta tabla; es decir que hace un año se ubicaba en el lugar 28 de 32 por cuanto a la violencia; hoy se localiza en el lugar 25.
*Sexenio a sexenio De manera particular vale la pena hacer referencia a otras estadísticas. Por ejemplo, el promedio mensual de víctimas del delito de robo de auto con violencia pasó de 1.43 en el sexenio de Ignacio Loyola Vera, a 0.99 en el de Francisco Garrido, y a 2.81 en lo que va del gobierno de José Calzada Rovirosa. El robo con violencia también se incrementó en el actual gobierno (22.77) con relación al sexenio de Ignacio Loyola (20.26) y al de Francisco Garrido (15.33). También el delito de homicidio (2.06, 1.31 y 1.43) y de secuestro (0.08, 0.03 y 0.13) se ha incrementado comparativamente con las 2 anteriores administraciones. Vale la pena acotar que en el sexenio que gobernó la entidad Enrique Burgos García, de los 5 delitos de los que se recogen estadísticas, en 3 de ellos los niveles de víctimas queretanas estuvieron muy por arriba de los reportados por sus tres sucesores. El dato alarmante es el del robo con violencia. Durante los 6 años de su administración, alcanzó un índice de 223.10 víctimas por cada 10 mil habitantes; el más elevado en los últimos 20 años. Vistas fríamente estas cifras, está claro que la entidad no está exenta de la violencia; más aún, diríamos que en la medida que los días pasan, en esa medida se incrementa la posibilidad de que ésta -la violencia- se incremente. Juan Luis Sariego Rodríguez, quien es catedrático en la Escuela de Antropología e Historia de Ciudad Juárez, Chihuahua, narró ahora que estuvo en la ciudad de Querétaro- que hace unos 5 o 6 años, un buen amigo le sugirió se fuera a vivir a Monterrey, ofreciéndose para conseguirle empleo en aquella ciudad. Le sugería mudarse de Juárez a la capital de Nuevo León porque en ella ni había violencia y sí grandes oportunidades de empleo. El mismo investigador ha sugerido varias líneas de estudio y entendimiento para enfrentar lo que calificó como “brutal rayo y trueno de luz que ha cambiado el color de todas las cosas”. Primero, entender al fenómeno de la violencia desde una perspectiva global; es decir, dejar de pensar que existen islas territoriales en donde ésta no existe o siempre se mantendrá bajo control. Con esta visión bien podrá empezarse a entender qué pasó y qué está pasando al grado tal de haber hecho de la delincuencia un suceso recurrente en amplios sectores de la sociedad, particularmente entre los jóvenes. Luego entonces, habrá que zambullirse al seno de las familias para entender las profundas transformaciones que en ellas están sucediendo. “Deberíamos de estar particularmente atentos para encontrar las raíces y expresiones culturales de la crisis de violencia y legitimidad por la que atraviesa nuestra sociedad”, refirió Sariego Rodríguez. El otro ámbito en el que hay que involucrarse es el de la desigualdad social que, a fin de cuentas resulta ser “uno de los principales y más evidentes causales de la violencia”. Infortunadamente en Querétaro, como lo refieren las cifras, la violencia avanza. La duda que nos queda es si en realidad nos hemos dado cuenta de esto o, si por el contrario, ya lo sabíamos -ya lo sabían las autoridades- pero no han querido hablar al respecto por “estrategia política”, por temor a perder las próximas elecciones o porque no saben cómo enfrentar el problema. Cualquiera que sea la respuesta, la inmovilidad será, sin lugar a dudas, la peor estrategia. |