Código Político. Acciones erráticas
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Juan José Arreola Hace un año justamente, cuando iniciaban las reuniones entre los diputados de la Co-misión de Planeación y Presu-puesto y los alcaldes o tesoreros de los 18 municipios de la entidad, prevalecía la idea de evitar, a toda costa, que el Impuesto Predial se incrementara. Impulsada por los diputados del Partido Revolucionario Institucional (PRI) la idea se justificaba con el razonamiento de que se buscaba apoyar la economía de las familias queretanas. |
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Fue el legislador del tricolor -bien lo recordamos- Hiram Rubio García, quien en las 18 comparecencias o reuniones escuchó muy atento los avatares y conflictos económicos que los gobiernos municipales enfrentaban; su postura nunca cambió. Hasta parecía que le habían ordenado mantenerse firme, sin cambios, sin gestos, sin expresiones emocionales que mostraran flaqueza en la línea política priísta. De aquella ocasión a la fecha, las cosas han cambiado. Los gobiernos municipales – la mayoría-han entrado en un tobogán financiero que los ha colocado como principales causantes de una no oficializada moratoria a la deuda. Simple y sencillamente dejaron de pagar a sus proveedores o, por lo menos, muestran un rezago escandaloso -por decir lo menos- en el cumplimiento de sus adeudos. Por si fuera poco, la mayoría de los gobiernos municipales han tenido la necesidad no solamente de implementar planes de austeridad “voluntarios” (aunque muchos piensen que fueron obligados por la política electoral de su partido y del mandatario estatal), sino que fueron forzados a firmar un pacto mediante el cual se comprometieron a no incrementar el Impuesto Predial en aras, decíamos, de beneficiar la economía familiar. A un año de distancia de aquella política, las cosas cambiaron. Pareciera ser que con solamente esa medida -aplicada por única ocasión- la economía de las familias queretanas cambió sustancialmente, al grado de ya no ser necesario congelar el valor del multicitado impuesto. Lo más simpático del asunto es que ahora, los mismos priistas que pregonaron la trascendencia de su decisión, condenan al alcalde de Querétaro, al panista Francisco Domínguez Servién, de ser populista y contradictorio. Populista -le dicen- por pretender que este año que viene no se incremente el Impuesto Predial. Contradictorio, porque el año pasado pidió se le autorizara aumentar ese mismo impuesto y los diputados del PRI se lo impidieron. Es cierto que la medida adoptada por Domínguez Servién muestra con toda claridad tintes electorales que todos alcanzamos a ver perfectamente bien, ubicándose exactamente en el mismo nivel que sus similares, los alcaldes del PRI, aunque con una estrategia contrapuesta pero con fines similares. Hace un año, el PRI frenó el incremento y ahora los mismos priistas promueven se aumente el predial. Hace un año, el PAN pidió se incrementara el impuesto; hoy quieren congelarlo Cosas de la política, el populismo y las elecciones. * Sin alas electorales Además de la “Estrategia del Impuesto Predial”, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) embaucó a sus alcaldes en otra estrategia político-electoral que tampoco les brindó relevantes resultados. A todos sus munícipes la dirigencia estatal del tricolor los forzó a comprometerse, públicamente, a no buscar de manera inmediata otro cargo de elección popular y, en consecuencia, a concluir sus periodos al frente de las presidencias municipales correspondientes. El objetivo de fondo de esta estrategia era la de contrastar su comportamiento con el que -preveían- sería el del actual alcalde de la capital queretana, el panista Francisco Domínguez Servién. En su análisis, los priistas imaginaban a Francisco Domínguez solicitando licencia para separarse del cargo de alcalde para así poder dedicarse a su campaña por la candidatura al Senado de la República. En ese momento -era el cálculo- emprenderían la ofensiva contra Domínguez Servién, al señalarlo como un funcionario incumplido y un político “chapulín”, dispuesto abandonar la alcaldía capitalina en aras de satisfacer su ambición de poder. Al contrario -habrían dicho- los alcaldes priistas, todos, permanecen en sus puestos al frente de los municipios, cumpliéndole a la ciudadanía, etcétera, etcétera. La jugada maestra del PAN fue la adoptada por el Comité Ejecutivo Nacional y la Comisión Nacional de Electores, de optar por la designación de candidatos al Senado de la República en lugar de dejar su elección al voto de la militancia. El “dedazo” blanquiazul caerá sobre Francisco Domínguez; será designado candidato al Senado de la República, con lo que ya no tiene la necesidad de separarse de su cargo actual además de que evita la contienda interna por la postulación. Por eso es que se mantendrá en la municipalidad hasta, por lo menos, enero o febrero del año venidero. La estrategia priista se desinfló, pero afectó a los actuales alcaldes, varios de los cuales o más bien, todos, tenían (tienen) aspiración de buscar otro cargo de elección popular… pero por esta jugada, pareciera ser que el tiempo ya no les alcanza. El broncón para el PRI, además de esta situación, es la impresionante ausencia de candidatos fuertes para cubrir todas las postulaciones y, por lo menos pensar en que se cuenta con un buen arranque. Haga usted el ejercicio mental: ¿El nombre de qué priista le viene a la cabeza como un potencial y buen candidato? Pueden pasar segundos y quizá completar un minuto y no brotarán los nombres. Esa es la tragedia del tricolor. El partido prohibió buscar candidaturas a varios que podrían ser buenos candidatos (que por lo menos han hecho un esfuerzo por serlo) como Rubén Galicia -con todos sus errores- Alonso Landeros Tejeida o los alcaldes de Tolimán y San Joaquín, Daniel de Santiago Luna y Belem Ledesma Ledesma, respectivamente. La pregunta es: Si no son ellos ¿quiénes? |