Código Político. Cierre de sexenio
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Juan José Arreola El Partido Revolucionario Institucional (PRI) y por supuesto su principal rival político-electoral, el Partido Acción Nacional (PAN) muy seguramente ya vislumbra cómo será el próximo trienio de cara al cierre del gobierno de José Calzada Rovirosa. Los políticos avezados dicen que el segundo trienio de cada gobierno estatal o federal,debe de ser preparado de tal manera que sea el más fuerte de las 2 partes en que se dividen los sexenios. Por eso se debe de planificar con precisión los pasos que se darán para tratar de que esa segunda parte del sexenio sea más fuerte. |
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*Legislativo, fundamental Un elemento clave, sin duda alguna, será la conformación del Poder Legislativo; esto es, quiénes acompañarán al gobernador en este cierre. Sin demandar un esfuerzo mental extraordinario, queda claro que el partido que ejerce el Poder Ejecutivo estaría deseoso de que la conformación de la que será la 57 legislatura del estado se constituya de una mayoría de diputados integrantes de su partido pero fundamentalmente de diputados inteligentes. El objetivo es que desde el lugar en donde se preparan las leyes, se respalde la función de quien es el ejecutor de esos mandatos; esto es, que el gobernador esté de acuerdo con las leyes que se aprueben en la cámara de diputados. Si hay coordinación entre el Legislativo y el Ejecutivo, el cierre sexenal será positivo. La contraparte es muy clara. Si la mayoría de los diputados son de partidos políticos opositores muy seguramente promoverán leyes que no se encuentren en la agenda política del partido al que pertenecen los gobernantes. Viene esto a colación porque al momento de escribir estas líneas, el repaso general de lo que hasta ahora han hecho los diputados del PRI en la 56 legislatura es, desde nuestro punto de vista, pobre.
*Recuento del tricolor Ninguno de los representantes del PRI ha podido brillar con luz propia. La regla insalvable de la “institucionalidad”; es decir, nada hacer si no es avalado por la dirigencia partidista, amarró a varios de los 9 legisladores del tricolor. La falta de iniciativa de otros y la poca preparación de otros, les impidió realizar trascendentales aportes. En medio de esta desesperanza es rescatable el trabajo de la diputada Blanca Pérez Buenrostro, quien a pesar de sus dificultades físicas ha realizado un importante esfuerzo en el ámbito de la promoción de la salud. También ha hecho un importante esfuerzo el legislador José Antonio Macías al frente de la comisión de Administración de Justicia. Sus afanes por lograr la candidatura a la presidencia municipal de Tequisquiapan y el enfrentamiento que por varios meses sostuvo con el alcalde con licencia de esa localidad, el panista Raúl Orihuela González, hicieron que dedicara valioso tiempo a tales actividades en lugar de dárselo a la promoción de su actividad legislativa. Entre sus saldos negativos se encuentra la indiferencia mostrada para legislar sobre el delito de Feminicidio. Algo imperdonable. Hiram Rubio García ha demostrado ser un servidor público que lo único que es capaz de moverlo son los intereses de su partido porque en ellos van implícitos sus particulares intereses. Sus participaciones legislativas, en la que efectivamente ha demostrado tener inteligencia y conocimiento, dejaron claro igualmente, que esas capacidades fueron empleadas más para agredir que para construir. Nos demostró que es un disciplinado político priista pero no un representante del pueblo. Dalia Garrido, por su parte, sufrió por su extrema “disciplina” que tiene para con su partido político. Muy claro quedó cuando fungió como presidenta de la mesa directiva. Los restantes legisladores del PRI forman un solo grupo. Fabián Pineda, Juan José Jiménez, Bernardo Ramírez Cuevas, Joaquín Cárdenas y Jesús Llamas Contreras. Poco o nada han aportado a la 56 legislatura. Juan José y Bernardo han estado más dedicados al trabajo de su partido que al de legislar. Baste recordar que Ramírez Cuevas fue incapaz de consensuar un acuerdo para la reforma electoral. La otra explicación es que desde el PRI mismo le hubieran mandatado frenar cualquier intentona de reforma. No hay más que mencionar. El balance para el gobernador Calzada -más allá de la utilidad autómata que le han brindado sus diputados-no cuenta con muchos elementos para poder asegurar que el saldo es positivo. Por lo mismo, pensamos, mucho tiempo habrá dedicado -y dedica- a planificar los pasos a dar para conformar, ahora sí, una sólida fracción legislativa del PRI que, más allá de ser mayoría o minoría, tendrá que fijarse como primer reto contar con diputados leales, si, pero fundamentalmente con capacidad analítica, fuertes en el debate, sólidos ideológicamente pero con la sapiencia suficiente para echar mano del arte de la política y saber consensuar. Ante todo, sin embargo, se requiere de políticos cuya mirada esté dirigida fundamentalmente a legislar. ¿Es mucho pedir? Pareciera ser que a estas alturas, en las condiciones en que se encuentra el PRI, sí. Los buenos priistas se los llevó Calzada Rovirosa al gabinete; a los cuates y a los aliados les dejó la conducción del partido; a los menos malos, muchos de los cuales llegaron a ser alcaldes, les prohibió buscar otro cargo. Sí, es una labor muy, pero muy difícil y, sobre todo, delicada. |