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Código Político. Días de marchar
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Juan José Arreola Con la protesta estudiantil del miércoles de la semana anterior, sumaron 4 marchas efectuadas en un lapso de 5 días, lo que representa casi una al día en promedio. Algo que nunca antes se había visto en tierras queretanas. Una de estas expresiones fue para apoyar al candidato presidencial de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador; otra, para denostar contra el aspirante presidencial de la coalición “Compromiso por México”, Enrique Peña Nieto. La tercera, para exigir a los medios de comunicación se informe responsablemente sobre el proceso electoral, y la cuarta para exigir se acabe la homofobia y la discriminación. |
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Las manifestaciones políticas, evaluamos, cumplieron su cometido; es decir, lograron dar a conocer sus planteamientos y, por ende, intentaron convencer a los que aún no toman postura electoral.
*Contra la homofobia Es de destacarse, sin embargo, la cuarta marcha, la convocada para exigir se acabe la discriminación por la preferencia sexual de las personas. Lo sorprendente de esta manifestación pública fue la gran cantidad de personas que concurrieron a esta protesta. Más particularmente, la gran cantidad de personas que asistieron a la manifestación que se sumaron a ella y que abiertamente, ante la población que los vio caminar, dieron a conocer su preferencia sexual. Hace 2 o 3 años, no más, una expresión de este tipo arrancaba comentarios procaces, vituperios públicos, insultos anónimos. Ahora no fue así. Cientos de personas esperaron la columna humana, las miradas siguieron a los participantes en ellas; decenas de teléfonos y cámaras digitales fueron accionadas. Incluso atrevemos a referir que la fiesta provocada por quienes desfilaron, se extendió a las banquetas y balcones. La población que por ahí estuvo y coincidió con esta singular manifestación, a lo más que llegó fue a tratar de evitarla. Si bien es cierto que esta actitud en sí misma sigue siendo discriminatoria, también en cierto que no pasó de ahí; que tiempo atrás las expresiones de rechazo eran mayores. También sorprende saber que según estadísticas de la secretaría de Gobierno del estado, la manifestación callejera con mayor concurrencia hasta ahora registrada es precisamente ésta, la que demandó acabar con la homofobia. Sorprendámonos más al saber que la misma dependencia registra como la segunda manifestación más concurrida, aquella denominada de los zombies. El fenómeno que estamos viviendo es muy claro. Se ha conjugado la paulatina pero segura modificación del pensamiento de los queretanos, que va hacía una mayor tolerancia y mente abierta, con la visión de los que llegan, diariamente, a radicar a la entidad. Los dos sucesos han cambiado el pensamiento social de la población en general. También registramos que ha cambiado el pensamiento político electoral. Por eso mismo, es fundamental entender que Querétaro, que los queretanos, no mantendrán la inercia comicial de otros años. Sin duda alguna que los cambios los veremos claramente reflejados en las urnas el próximo primero de julio gracias a la profusa migración de mexicanos provenientes del Distrito Federal y el Estado de México, pero también de quienes vienen del norte, como Nuevo León, Tamaulipas y Sonora. Hoy la identidad queretana nada tiene que ver con la existente hace 10, 20 o 30 años. Lo grave del caso, sin embargo, es que en estos momentos resulta sumamente complicado saber qué es lo que nos identifica a los que vivimos en esta tierra. Muy seguramente ni siquiera quienes buscan gobernar el municipio capitalino -Armando Rivera Castillejos y Roberto Loyola Vera- tienen en claro lo que significa identidad queretana.
*Respuesta de EPN Políticamente, la concentración realizada en el estadio municipal de Querétaro la tarde del jueves 24, estaba bien planeada. Era la respuesta inmediata del candidato presidencial de la coalición “Compromiso por México”, Enrique Peña Nieto a las protestas en su contra. La intención -entendemos- era modificar la visión que pudo haber generado entre la ciudadanía, de que la juventud -así, como concepto y generalizada- rechaza al candidato del tricolor y está, contrariamente, respaldando al candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador. Recuérdese que la semana anterior y ésta, estuvieron aderezadas con manifestaciones callejeras en diversas entidades del país y en ciudades de otras naciones, en reclamo de democracia, de mayor transparencia en los medios de comunicación. Pero también fueron notorias las marchas anti Peña Nieto y las dos concentraciones en respaldo al político tabasqueño, López Obrador. Por eso es que política y mediáticamente era relevante este acto. Acompañando a esta táctica, Enrique Peña Nieto ha venido descalificando las expresiones callejeras en su contra que han superado los límites y llegado a las agresiones, a los insultos. El político mexiquense dejó en claro que la idea era esa, demostrar que también hay jóvenes que son priistas y que apoyan su postulación. Tan es así, que en los primeros párrafos de su discurso lo dejó en claro: “me entusiasma estar cobijado en este encuentro de una gran participación, y que día a día viene creciendo, de los jóvenes de México”, dijo Peña. Luego, comentó en torno a las expresiones en su contra. “Hoy les quiero pedir lo siguiente: en este tiempo que falta, de aquí al día de la elección, seguramente habremos de ver distintas expresiones: unas, como las que están aquí presentes, de apoyo al proyecto que encabeza un servidor, de cambio para México; y otras, de quienes en un legítimo derecho también se oponen. Pero esa es la vitalidad de nuestra democracia, esa es la riqueza que tiene hoy nuestra democracia”. El efecto mediático esperado es, evidentemente, evitar que se construya en el imaginario social que los jóvenes no están con Peña Nieto y, en consecuencia, se genere la pérdida de potenciales votos para este político. Digamos que se pretende contrarrestar un efecto similar al generado hasta ahora por la acumulación de múltiples encuestas en las que se coloca al mexiquense en el primer lugar. En el imaginario del elector, el efecto es que ya no vale la pena votar por otro u otra candidata si de cualquier manera va a ganar Peña Nieto. Es, clara y evidentemente, la disputa, palmo a palmo, de los votos lo que refleja, además, que esa gran distancia que dicen que lleva Enrique Peña Nieto, quizá no sea del todo real. |