03 de noviembre del 2009

Código Político: ¡Se acabó!

Por Juan José Arreola

Más que una discusión política entre personas de distinta ideología, lo que vimos en la segunda sesión plenaria de los 25 integrantes de la 56 legislatura del estado, fue una especie de revancha; el saciar la sed de venganza, o, para decir lo menos, unas inmensas ganas de “saldar cuentas” desde la primera oportunidad que se tuviera.

Y por eso, con razón o sin razón; con o sin argumentos, el llamado “Grupo de los 15” hizo acopio de todo su esfuerzo para “aplastar” políticamente a los diez diputados del Partido Acción Nacional (PAN).

Los vituperios especialmente apuntaron hacia la humanidad de Ricardo Anaya Cortés quien, sin lugar a dudas, es la puntual encarnación de sexenio pasado, el encabezado por el panista Francisco Garrido Patrón.

*El viejo gobierno

La mecánica y el motivo de este actuar, fácilmente se explican: los panistas representan un ejercicio de poder que nunca fue tolerante; que no practicó el diálogo, que impuso su voluntad a través de los 16 diputados que tenía en la 55 legislatura, pues no requería de alianzas o acuerdos para imponer su voluntad.

Vaya, los del blanquiazul llegaron a sostener que “con la oposición, sin la oposición o a pesar de la oposición”, las cosas se hacían como a ellos les parecía mejor.

Agreguemos a esto el hecho de que los diputados del PAN en la anterior legislatura, tenían contacto permanente -vía el ex legislador, Eric Salas González- con el entonces gobernador, Francisco Garrido Patrón.

No había acción, reacción o circunstancia en la que estuvieran involucrados los legisladores blanquiazules, que el ex mandatario no conociera y, eventualmente, interviniera.

Esta relación llegó a niveles tales que varias de las iniciativas de ley; más bien diríamos que por lo menos la mitad de esas iniciativas que presentaron a nombre propio alguno de esos 16 ex parlamentarios del PAN, fueron elaboradas en las oficinas de la Secretaría de Gobierno.

Hoy la situación ha cambiado. El PAN no es gobierno y tampoco tiene la mayoría absoluta en el congreso del estado, y como ninguno de los partidos políticos cuenta con la mayoría de legisladores, los del Partido Revolucionario Institucional (PRI) “tejieron” las pertinentes alianzas a fin de “amarrar” la conformación del “Grupo de los 15”.

A los nueve diputados del PRI y los tres del Partido Nueva Alianza (que, vale recordarlo, surgieron de las filas del tricolor) se sumaron el del Partido de la Revolución Democrática (PRD), el del Verde Ecologista de México (PVEM), y el de Convergencia.

*Aliados ¿para qué?

Por sí mismo, el referido bloque no es condenable; no es ni una actitud antidemocrática ni un ejercicio tramposo. Es, simplemente, la posibilidad que te brinda el poder coincidir en algún elemento para avanzar juntos en su consecución.

Lo grave del caso es, justamente, el elemento unificador pues, ni duda cabe, ha sido única y exclusivamente el ir en contra del PAN.

Formaron el nuevo Tucán; es decir, “Todos Unidos contra Acción Nacional”.

Por eso es que el que pudo ser un debate político se convirtió simplemente en la oportunidad para recordarles a los del blanquiazul que los próximos tres años, por lo menos, habrán de sufrir lo que sufrieron, en legislaturas anteriores, los diputados de los demás partidos que, en ese entonces, eran oposición.

Y por eso es que el PRI y sus aliados tomaron la decisión de escamotearle al PAN cualquier posibilidad, por mínima que fuera, de poder decidir sobre la designación de los presidentes de las 25 comisiones con que cuenta el congreso del estado.

Fue tan evidente la imposición de los G-15 que, por ejemplo, designaron a Marcos Aguilar Vega como presidente de la Comisión de Tránsito, Vialidad y Autotransporte Público, cuando su perfil profesional y como servidor público apuntaba clarísimamente, a ocupar la presidencia de la Comisión de Transparencia y Rendición de Cuentas.

El otro caso destacado es el del mismo Ricardo Anaya Cortés, a quien ubicaron en esta última comisión -la de transparencia- cuando su perfil profesional bien sostenía fuera el titular de Puntos Constitucionales o de Gobernación.

Curiosamente, ellos dos son -sin menoscabo de los restantes ocho legisladores del blanquiazul- quienes perfilan a ser protagonistas en el congreso queretano.

Pero además, una intención maquiavélica subyace en la disputa por las presidencias de las comisiones que, en la práctica -aún cuando ninguno de los diputados acepta- es que hay unas que, por su peso político o económico, son “importantes” frente a otras que poca o nula transcendencia tienen (o han tenido) en tales ámbitos.

Pelear, por ejemplo, la presidencia de la comisión de Planeación y Presupuesto, en manos de Hiram Rubio, coordinador de los del PRI, permite tener el control de los recursos económicos del Poder Legislativo.

Su titular, para decirlo llanamente, tiene en sus manos la decisión de quiénes son contratados o no, a quiénes se les entrega recursos o a quiénes se les niegan; si hay o no prerrogativas o bonos o como se le quiera llamar.

El presidente de la Comisión de Gobernación, Administración Pública y Asuntos Electorales -el priista Bernardo Ramírez Cuevas- tiene en su ámbito, la posibilidad de conducir a su particular punto de vista, por ejemplo, la próxima e inminente reforma electoral.

Es, pues, la disputa antidemocrática -ésta sí- del poder fáctico en la cámara de diputados. Mejor dicho, es el control del PRI y el aislamiento del PAN… como sucedió en la legislaturas 54 y 55.

Queda claro, pues, que poco o nada ha cambiado, a pesar de la alternancia que en el poder queretano hemos vivido los últimos doce años.

“Esta es la legislatura del estado de Querétaro, no la del Partido Acción Nacional. (Eso) se acabó”, dijo en su intervención ese viernes 17 de octubre, el diputado local por Convergencia, José Luis Aguilera Rico, no sabemos si lo hizo a modo de advertencia, como amenaza o como un reto.

De cualquier manera, con esa debilidad que mostró el PAN, y esa gandallez del G-15, quienes salimos perdiendo somos, otra vez, los ciudadanos.

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