29 de diciembre del 2011

El Siniestro

Héctor Sinecio Moreno

Las campañas desde hace algunos años se tornan cada vez más en coyunturales que estructurales, sin embargo en la mentalidad de muchos políticos esta transición aun no sucede y siguen apostando a estructuras piramidales, quemucho ayudan para vender trastes de plástico, pero que difícilmente hoy día tienen poca eficiencia en la rentabilidad electoral, aún recuerdo a Don Fidel Velásquez cuando prometía una decena de millón de votos a favor del partidazo, sin embargo ¿quién realmente cualificó a la CTM? Alguna vez en su desempeño de la aplanadora, lo mismo diríamos de la CNOP y la CNC entre las más representativas.

La diferencia entre ambos tipos de campaña son evidentes, una le apuesta a la estructura, representación y movilización de su propia fuerza, algo muy arraigado en los partidos del poder que generalmente enfrentan las elecciones con una condición ventajosa, pues todas las elecciones son elecciones de estado sin embargo en el juego democrático ser oposición conlleva el privilegio de la legitimización y más aun de la gobernabilidad, siendo la accesibilidad al poder proporcional al desgaste del ejercicio del poder mismo, es decir las elecciones se ganan y se pierden desde el poder o mejor dicho en la percepción ciudadana del ejercicio de este.

Por ello algunos partidos como el PRI deberían preguntarse antes que medir la popularidad que en definitiva, no es sinónimo de rentabilidad aunque algunos farsantes de la ciencia política insistan que lo es de la rentabilidad electoral ¿Cómo se encuentra? La pirámide de comunicación entre Gobierno y Gobernados, la percepción de los ciudadanos sobre su administración pero ante todo, la identificación que estos tienen con quien los representa, caso contrario pareciera que se trata de hacer un concurso de popularidad, como si por antonomasia eso se traduciera a votos, cosa que no necesariamente ocurre pregunten a Fernando Ortiz Arana que pese a ser conocido no ganó.

Al contrario un Ignacio Loyola gana porque no lo conocían, burdamente por tanto debemos de reconocer que un Enrique Burgos García es quien pierde pues la elección, pese a ser popular en su persona, ya que no lo era en si su propia administración, lo que lo convirtió en el Pony de Troya de su propio partido, minando la propia estructura de este con la creación de “Efecto 2000” que dirigía Rubén Galicia y que operó al final contra su propio candidato, Loyola por el contrario tal vez inconscientemente o por falta de recursos, operó una campaña coyuntural.

Al final pese a auto sabotear su propia Administración, la imagen e identidad que había creado en el ciudadano le valió para que su partido cosechara un nuevo triunfo, lo que nos lleva a la inevitable lógica que no es Calzada quien gana posteriormente, sino Garrido es quien pierde, mejor dicho la pirámide de comunicación entre Gobierno y Gobernado se rompió entre los fanatismos y la soberbia de los panistas, aun así su órgano de difusión oficial el Diario de Querétaro, pregonaba un mentiroso 2 a 1 que fue rebasado por la realidad de la simulación de ese periódico de avisos de ocasión.

Personalmente por ello recomiendo antes de generar encuestas y sondeos, hacer una sencilla aplicación del diagnóstico Príncipe, pero será difícil que algunos candidatos acepten métodos serios, cuando están acostumbrados a improvisar y recurrir a los estafadores quienes solo inflan el ego de los suspirantes, mientras vacían sus carteras, a nivel local es fácil ver lo que será analizado este año próximo, la calificación del desempeño de Calzada y la percepción que de este tiene la ciudadanía, si obtiene su partido la Alcaldía Capitalina será aprobatoria de otra forma, se evidenciaría una pirámide de comunicación que simplemente no funcionó.

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